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Plenas

Instrumentos musicales de Plenas

En Plenas, a pesar de ser un núcleo muy pequeño, hubo desde antaño gran afición musical, tal como podemos comprobar a continuación. Muchas plantas y utensilios servían para construir cualquiera de los instrumentos musicales que utilizaban chicos y mayores. Comenzaremos haciendo un pequeño inventario de algunos de ellos y los sistemas que utilizaban para construirlos.

Almidez, almirez

El mortero aparte de su utilización en la cocina para picar alimentos nunca faltaba en muchas manifestación festivas del pueblo. Lo utilizaban golpeando su interior y también en el exterior.

Bailarinas

Del cardo cachurrero o cardencho seco, se hacían una especie de carraclas –carracas– llamadas  también “bailarinas”. Se corta la horquilla cuatro o cinco dedos por debajo de la unión de los tres palos, y con una piedra llana se quitan con cuidado todos los pinchos. De las tres ranas, la del centro, se corta tres centímetros por debajo de las de los lados. Habrá que cortar un palito de la misma planta un poco más largo que la anchura de los palos de los lados. En el centro del palito se introduce una madera o clavo y se introduce en el canuto de la rama central. Se frota con las dos manos y suena como una carracla –carraca–, que a la vez parece que danza una bailarina de ballet.

Botellas

Las botellas de anís vacías, raspadas con una cuchara metálica servían de acompañamiento en las jotas o canciones de bodega. Demetrio Bonafonte y Manolo Martínez de Plenas, algunas veces ha tocado con varias botellas iguales llenas con diferente cantidad de agua, en cada una de ellas.

Campanillas, cascabeles

Algunos labradores engalanaban a sus caballerías con campanillas y cascabeles atados a la cabezada –correa de la cabeza–.  A los perros y gatos también les ataban cascabeles, incluso a los chotos –cabritos–.

Caramillo, zampoñas

Estos instrumentos los construían con varias cañas de diferentes longitudes y todas atadas. No es otra cosa que las antiguas flautas de pan.

Todavía acude al pueblo algún afilador de procedencia gallega, tocando el pifano –así es como le llaman los afiladores al chiflo o flautín con siete canutillos metálicos–  para avisar de su presencia en las calles. También suelen llevar una hoja de acero que cuando la doblan emite sonidos parecidos a los silbidos. Cuentan que tenía cierto parecido a las hojas de las dallas –guadañas–.

Carraclas

Para Semana Santa tocaban carraclas –carracas– y matracas, que construía el tío Santiago “el Carpintero”. Hablan del tío Celipón –Felipón– que tenía una enorme carracla que se tocaba con las dos manos. Pero más enorme era el “torno de Cerilo” –Cirilo– Gracia Bonafonte, fabricado con madera de nogal y tenía dos lengüetas.

Cucharas

Las cucharas de madera o metálicas eran adquiridas a carreteros o vendedores que pasaban por el pueblo. Las de madera según cuentan, eran de color blanquecino, por lo probablemente estaban fabricadas con madera de boj, duro arbusto que se localiza en las cercanas sierras de Teruel.

Cuernos

Los cuernos de cabra eran utilizados en la antigüedad. El sonido que emiten suele avisar al orden o llamada. Recuerdan que en El Villar de los Navarros, cuando “iban a la dula” –se le llamaba dula cuando un pastor cuidaba los rebaños de varios vecinos reunidos en uno solo–.  El pastor tocaba la cuerna o cuerno y se reunían los animales del pueblo. Alguno recuerda haber visto alguna caracola con un agujero para soplar.

Curdión, acordeón

Tanto el acordeón diatónico como la cromática, nunca las construyeron.

Donzaina, dulzaina, gaita

De la donzaina o gaita –dulzaina–, como dicen por estos lugares merece la pena insertar una descripción de la dulzaina hecha por Mario Gros, de Gaitería Tremol de Zaragoza, el cual hace una descripción clara y concisa de dicho instrumento.

“Se trata de un instrumento musical aerófono de lengüeta doble. El cuerpo principal del instrumento lo compone una pieza de madera, de interior cónico creciente y entre 30 y 35 centímetros de longitud. Torneados en maderas de azarollo, cerezo, jinjolero o ébano los modelos más lujosos, o perforados a fuego y tallados a navaja en capota de pino o sauquera los instrumentos de pastores y aficionados, el exterior también tiene forma troncocónica con final en forma de pabellón y finas paredes. Tanto en el extremo inferior (campana) como en el superior (garganta) pueden ajustarse virolas metálicas (latón, plata, alpaca...) como refuerzo y embellecimiento. Otros modelos, con más espesor de madera en sus paredes, presentan decoraciones torneadas e incisas. Casi todos cuentan con siete agujeros anteriores y uno posterior para la digitación. Existen otras dos perforaciones en la zona del pabellón, llamadas oídos o vientos, con función acústica, que no se tapan con los dedos. En la parte superior del cuerpo se inserta una pieza metálica en forma de cono (tudel) y, sobre esta, la lengüeta, caña, pita, pipa o incha generadora de la vibración que el tubo de madera se encargará de modular y amplificar. Las pitas, verdadero corazón sonoro de la gaita, se construyen con caña de ribera (arundo donax), material muy abundante y del que el valle del Ebro es un importante proveedor para lengüetas de saxofón y clarinete. Los instrumentos se adquirían en ferias y comercios, o eran fabricados por los propios gaiteros, como los afamados hermanos Aspas de Tramacastilla. Tampoco era infrecuente que pasaran de un gaitero a otro durante generaciones, aunque en otros casos el instrumento acompañara al músico a la sepultura. Los pastores solían construir instrumentos de aspecto más rústico pero, en ocasiones, con excelente calidad sonora”.

Desde tiempo inmemorial la dulzaina fue el instrumento rey de las fiestas de los pueblos y ciudades. Los pastores asumidos en la soledad de su oficio, tuvieron que ingeniárselas para pasar el tiempo lo más agradable posible, para ello, algunos, recurrieron a construirse sus propios instrumentos y a la música llamada “de oído”. Esta música fue utilizada en celebraciones y fiestas y era necesario utilizar un instrumento que los asistentes oyesen con cierta claridad y potencia, con el fin de llevar los compases del baile como es debido.

Para construir una dulzaina habría que conseguir una madera dócil, a ser posible blanda y que a la vez, sonase con energía. En algunos pueblos de la Sierra de Cucalón las construían con madera de sauquera –sauco– y pino. También las ha habido de hueso de ala de buitre. En Plenas, fueron de madera de perera –peral– y de carrasca –encina–, aunque ésta sea muy dura.

Sin medios mecánicos la construcción la podemos considerar muy laboriosa. Partiendo de un taco de madera, se debería de vaciar el interior, operación que se realizaba a base de hierros rusientes –candentes–. Una vez vaciado el interior tubo, había que afinar o lijar la madera, para ello, se servían de diferentes utensilios cortantes y dejar el mismo grosor por todo su diámetro. Las maderas “que tienen corazón” –interior de la rama blando– como la sauquera –saúco–, son menos complicadas de taladrar, ya que con un alambre más o menos rígido se puede vaciar el interior del trozo de madera.

Después del afinado interior y exterior, se hacían los agujeros con clavos rusientes que harían las notas musicales. Para conseguir la escala musical y conseguir la máxima perfección auditiva, habría que realizar infinidad de pruebas ensanchando los agujeros que fuese necesario.

Pero antes de llegar a esta operación, se tenía que tener preparada la pita, también llamada “caña”. Si compleja es  la construcción del tubo, no es menos la de la pita. De dos trocitos de caña, formarían la pita, pero eso sí, con mucha paciencia y sabiduría. 

Construida la gaita y la caña, era necesaria una pieza metálica de forma cónica llamada tudel, que se monta entre la madera y la pita de caña. Algunos pastores como Benito Pérez de Fonfría, tallaron su dulzaina con arte y esmero. La dulzaina de Benito se encuentra expuesta en el “Museu de la Música de Barcelona”. Benito se fue a vivir a la Ciudad Condal y acostumbraba a tomar café en un establecimiento cercano al citado museo. Poco a poco, fue consolidando cierta amistad con el camarero y le contó su procedencia y las aficiones que había disfrutado en su vida. Benito desconocía que en el mismo lugar donde acudía diariamente, también lo hacía el director del museo y que el camarero le había informado de su existencia. Así fue, y el responsable del museo se puso en contacto con Benito:

– Oiga, me he enterado que Vd. ha sido músico –le dijo el director–
– Bueno, yo he sido gaitero.
– ¿Tiene algún instrumento de cuando tocada?
– Pues sí, tengo mi última dulzaina.
– ¿Me la podría traer para verla?
– Está hecho.

Al día siguiente Benito apareció en el mismo lugar con su instrumento guardado en una artesana funda de cuero.

– Qué tal Benito, ¿se ha acordado? –preguntó el director–.
– Mire mi gaita –le dijo Benito–.

El director del Museu quedó asombrado ante la dulzaina de Benito. La gaita estaba construida y labrada a mano, formando numerosos rombos por todo su exterior.

–Benito, le rogaría que cediese su dulzaina al museo que yo dirijo, para dejarla expuesta al público.

Benito accedió gustosamente a la petición, y desde aquél día se encuentra en el museo, con una inscripción que dice: Dulzaina de Benito Pérez de Fonfría (Teruel).

Engañarañas

Con las hojas más altas de las cañas hacen una especie de flautas llamadas engañarañas. Se arranca la hoja más delgada y se sopla pos su base. La caña tiene que estar verde sin que se seque lo más mínimo. Los chicos utilizaban este instrumento para atontar a las arañas de las paredes.

Esquilos, esquilicos, trucos

Son campanas de metal y en su interior se ata un pieza más o menos cilíndrica de madera o hueso llamado botajo –badajo–. El esquilo llamado también cencerro o truco se ata al cuello de los animales y debido al movimiento emite un sonido cuado golpea el badajo al metal. Son colocados al ganado cuando el animal va a parir, estar cojo o enfermo y no podía seguir al resto, o para advertir su presencia y sobre todo, para ser localizados en caso de pérdida. También se utilizaban para dar más animación a los carnavales, cencerradas y en cualquier tipo de manifestación festiva.  Algún músico aficionado de Plenas ha hecho música con varios esquilos y trucos de distintos tamaños, formando la escala musical. Dicen de un vecino de Blesa, que todos esquilos que tenía o le encargaban los dejaba con el mismo sonido.

Gaitas

Con las hojas de calabacera se hacían las llamadas gaitas o trompas, utilizadas por chicos y chicas. Se corta la hoja con su mango. Con una peña lisa –piedra llana– se limpian los pinchos del mango de la hoja y se corta desestimando ésta última. Una vez limpio el tubo, se hace un pequeño corte longitudinal en el extremo estrecho del mismo y se sopla. El sonido emitido es parecido al de una cuerna.

Grillos

Con media cáscara de nuez hacían grillos. Se corta aproximadamente la mitad de media cáscara de nuez. En las dos esquinas que quedan se hacen sendos orificios pequeños, uno a cada lado. Se introduce un hilo o sedal en los dos agujeros dejándolo doble y se ata. Se mete un palito en medio de los dos hilos y se da vueltas hasta que quede tensado y se corre el palo para que no gire. Para tocar se pasan los dedos repetidamente por el palo y produce un sonido parecido al que emiten los grillos.

Guitarra

No se tiene constancia de la fabricación de guitarras.

Herros, yerros, hierros

Los hierros se utilizaban en roldas y los solía construir el herrero del pueblo. En otros lugares se le llama triángulo.

Laúd

Instrumento de cuerda que nunca lo construyeron.

Mandurria, bandurria

Este instrumento nunca lo construyeron artesanalmente.

Piedras

Con dos piedras llanas y alargadas cogidas entre los dedos de la mano, tocaban a modo de castañuelas. Las castañuelas de madera también se utilizaban en muchas ocasiones para cualquier acompañamiento, pero siempre fueron adquiridas en Zaragoza.

Pitos

Con los huesos de los alberjes –albaricoques– los chicos fabricaban los llamados pitos. En una superficie áspera o porosa, se frota el hueso por una de las dos caras hasta conseguir horadarlo. Una vez hecho el agujero se destruye la semilla del interior del hueso y mediante un alambre o instrumentos punzante se limpia. Cuando está totalmente limpio ya se puede utilizar, colocándose el hueso en el labio inferior de la boca y soplando de resbalón. Otra variante de este instrumento consiste en dejar secar el hueso y cuando al menearlo suena la semilla del interior, se agujera el hueso pero por las dos caras planas hasta conseguirlo. Una vez hechos los agujeros se coloca en la boca por uno de ellos, se sopla y suena como un pito con corcho en su interior.

Otro tipo de pitos los hacían con ramas de higuera huecas. También con ramas de chopo.

Pito, flauta de caña

Pastores y aficionados construían sus pitos o flautas en el monte valiéndose de cañas secas a ser posible cortadas en el menguante de enero. Recuerdan a verdaderos maestros que tocaban este sencillo instrumento. Benito Pujala, gaitero de El Villar de los Navarros, se podía escuchar a varios kilómetros “a la redonda” cuando tocaba el pito en pleno monte. También Benito Luño “el Manco”, León Antía Magallón, entre muchos otros… todos ellos de Plenas.

Para construir un pito es necesario disponer de una caña de 30 ó 35 centímetros de longitud, a ser posible de nudo a nudo (de una nudada). La caña es recomendable cortarla en el menguante de enero porque son más robustas y no se agrietan. A unos dos centímetros de un extremo, hay que hacer una ranura con resbalón. Normalmente este orificio se realiza con una navaja dando un corte sesgado. El citado extremo albergará la pita de pelarza –corteza– de chopo. La madera de chopo es buena para este menester, ya que es blanda de manipular y es agradable y dulce en su contacto con la boca. 

En el otro extremo y en el mismo lado donde se halla el resbalón, o sea el anverso, habrá que comenzar a hacer los seis agujeros que darán las notas musicales, manteniendo la distancia de unos a otros, que se demarcará poco más o menos, de un dedo a otro sin excesiva abertura. En el reverso llevará otro agujero del mismo diámetro que los anteriores. Todos los orificios se realizaban con hierros y clavos candentes.

Tambor o redoblante

Fiel acompañante de la dulzaina fue el redoblante o tambor, de la familia de las percusiones. Infinidad de gaiteros fueron acompañados por familiares, hermanos, hijos, etcétera, que tocaban dicho instrumento. No se recuerda que se construyese por estos pueblos.

Violín

Hubo gente de Plenas que lo llegó a tocar en rondas y en el baile. Se solía comprar a viajantes o en tiendas de instrumentos musicales de Zaragoza.

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