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Plenas

Música y folclore

El baile de la tía Isidra…

En Plenas como en otros muchos lugares y siempre que el tiempo lo permitiera, era costumbre organizar grandes bailes. Los domingos y “fiestas de guardar”, eran esperados por los mozos y mozas, con el fin de asistir al baile y encontrar novia o novio.

Bastante complicado era mantener relaciones y mucho menos, prematrimoniales. Sus viejas costumbres relacionadas con el noviazgo estaban marcadas de espiritualismo y de prejuicios decorosos, ambos difíciles de modificar, sobre todo en la vida rural de aquéllos años y una vez finalizada la guerra civil.

Muy pocos disponían de aparatos radio, ni picús –tocadiscos–, a la sazón, se las tenían que componer con mozos que tocasen algún instrumento musical, por difícil o raro que fuese. Muchos de ellos heredaron la formación musical de sus padres y abuelos, así  animarían los bailes, de esta manera, se garantizaba que no faltaría la música. Siempre tocaron “de oído”, sin partituras ni pentagramas, solamente guiados por una enorme afición que les hacía ser apreciados por los demás. Algunos, los más relevantes, fueron oídos fuera de estos recónditos lugares, llegando incluso, a ser reconocidos como excelentes músicos.

Los músicos eran contratados por la “tía Isidra”, que era la dueña del local que se había habilitado para este fin. El local del baile, situado en los bajos del café, era un salón de forma cuadrangular con una enorme columna en el centro que sostenía el piso del establecimiento. Se accedía desde la calle por una pequeña puerta y escalera construida con argamasa de yeso en basto. Bajando la escalinata, a la derecha, se hallaban tres bancos de madera adosados a las paredes, en los cuales se sentaban las mozas esperando ser “sacadas a bailar”. En la pared situada enfrente de la escalera, había dos ventanas de madera, lindantes a la acequia molinar, justo en la entrada de la balsa del molino harinero. A la derecha de la escalera, había una puerta con un pequeño cuarto que daba salida a la acequia molinar, en la misma pared que las ventanas del salón. En este apartado, la tía Isidra tenía una pequeña tienda, donde vendía golosinas o frutos secos. En ésta misma pared, en el rincón, se encontraba una pequeña estancia hendida en la pared y a un metro de altura del suelo. En él se sentaban los tres o cuatro músicos que normalmente acudían a tocar. Sobresalía de la pared una tabla que servía de descanso para las piernas.
Para acceder a la tabla, existía una hendidura en la pared que a modo de huella colocaba el pié el músico, a la vez que se impulsaba agarrando un gancho de hierro, situado a más altura.

El baile comenzaba a las tres o tres y media de la tarde y a él acudían mozos y mozas con la más precisa puntualidad, dado que la noche se echaba sobre las seis de la tarde y se carecía de luz artificial.

En la puerta del baile –en la calle–, quedaba toda la chiquillería del pueblo. De vez en cuando y aprovechando que las mozas y mozos bailaban, entraban en el local correteando, hasta que su presencia era detectada y eran expulsados a gran velocidad. Luego irían con chismes a sus casas, contando que si fulana bailaba con fulano e inventando en sus corros fantásticas historias de amor.
De vez en cuando los músicos bajaban del escenario para echarse algún que otro bailoteo con sus correspondientes novias. En el transcurso del baile también se encargaban de cobrar la entrada a los mozos, ya que las mozas no pagaban.
Antes de la guerra civil, el costo de la entrada era de un rial –real– (25 céntimos) y pasada la contienda lo subieron a dos pesetas. Del dinero que recudaban se hacían tres partes: una era para la dueña del local y el resto, se lo repartían entre los músicos. Contaba un músico, que antes de la guerra, se llegaban a repartir tres o cuatro pesetas para cada uno, una vez descontada la parte del local.
Entonces no había electricidad alguna (no había luz) y cuando anochecía, el lucero –persona encargada de activar la luz–, iba encendiendo con su larga pértiga las farolas emplazadas por algunas esquinas del pueblo. Los chavales que se encontraban en la puerta del baile gritaban: ¡la luz!, ¡la luz! Palabras mágicas que al ser oídas por las mozas, ellas las volverían a repetir en el interior del baile, dando por finalizado el mismo. Rápidamente desaparecían del local mozos y mozas, aún sin acabar la pieza que se estaba interpretando. Si en el momento de dar la luz no acudían ligeras a sus casas, las consecuencias podrían acarrear alguna que otra bronca.
En el baile se tocaban: chotis, mazurcas. pasodobles, polcas, valses, zambras gitanas… lo curioso es, que según cuentan, nunca jotas. Las jotas se bailaban sueltos y eso no les compensaba.

Recuerdan algunas melodías de hace 60 ó 70 años: María de la O, ¡Qué guapa estás María!, Él vino en un barco, La Parrala, Ojos negros, Francisco Alegre, Mañana por la mañana te espero Juana…, Sólamente una vez, Cachito, cachito, cachito mío, Siboney, Amapola, Bajo el cielo de la luz crepuscular, Y tú y tú y solamente tú, Cabaretera, Recuerdo aquélla vez que yo..., Qué bonito es Barcelona, Madrid, Madrid, Madrid, entre otras.

Cuando hacían el relevo o cambio de pareja los músicos tocaban un sonoro timbre. Cuando sonaba, todo el mundo debería cambiar de moza.
Aparte de domingos y festivos, los mozos y mozas aprovechaban cualquier acontecimiento para celebrar bailes. En época de zafranes –recogida del azafrán– venían muchas jornaleras de fuera para realizar los trabajos de recolección y esbrinado del azafrán. Todos los días se hacía baile en el mismo local.

Cuando llegaban las cuadrillas de esquiladores de ovejas (que por norma procedían de Alcalá de la Selva -Teruel-), se aprovechaba para hacer bailes, pero en esta ocasión se celebraba en plena calle, “junto al último tajo de los rapadores”. A veces, ellos mismos sacaban sus propios instrumentos musicales (guitarras, laúdes…) que habían transportado desde sus lugares de origen y organizaban la fiesta; si no llevaban ninguno los “pedían entre los vecinos del pueblo”.

En una ocasión, finalizada la guerra civil contrataron a una compañía ambulante que interpretaba canciones de ópera y zarzuela. El concierto se celebró en el baile del “tío Serapio” (anteriormente de Isidra) y relatan, que acudió mucha gente. Cuando llegaron a Plenas pensaron quedarse poco tiempo, pero al comprobar que gustaban las canciones que interpretaban y sobre todo, la hospitalidad de sus gentes, alargaron su estancia durante algunos días más.

Por los años 60 el baile se celebraba en los bajos de la casa de David “el Leches”, pero sirviéndose de un tocadiscos. El baile de David y la Gloria (su esposa) se encontraba cerca del local de la “tía Isidra” y se accedía por una puerta lindante a la acequia molinar.

© Ignacio Navarro

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Instrumentos musicales de Plenas

En Plenas, a pesar de ser un núcleo muy pequeño, hubo desde antaño gran afición musical, tal como podemos comprobar a continuación. Muchas plantas y utensilios servían para construir cualquiera de los instrumentos musicales que utilizaban chicos y mayores. Comenzaremos haciendo un pequeño inventario de algunos de ellos y los sistemas que utilizaban para construirlos.

Almidez, almirez

El mortero aparte de su utilización en la cocina para picar alimentos nunca faltaba en muchas manifestación festivas del pueblo. Lo utilizaban golpeando su interior y también en el exterior.

Bailarinas

Del cardo cachurrero o cardencho seco, se hacían una especie de carraclas –carracas– llamadas  también “bailarinas”. Se corta la horquilla cuatro o cinco dedos por debajo de la unión de los tres palos, y con una piedra llana se quitan con cuidado todos los pinchos. De las tres ranas, la del centro, se corta tres centímetros por debajo de las de los lados. Habrá que cortar un palito de la misma planta un poco más largo que la anchura de los palos de los lados. En el centro del palito se introduce una madera o clavo y se introduce en el canuto de la rama central. Se frota con las dos manos y suena como una carracla –carraca–, que a la vez parece que danza una bailarina de ballet.

Botellas

Las botellas de anís vacías, raspadas con una cuchara metálica servían de acompañamiento en las jotas o canciones de bodega. Demetrio Bonafonte y Manolo Martínez de Plenas, algunas veces ha tocado con varias botellas iguales llenas con diferente cantidad de agua, en cada una de ellas.

Campanillas, cascabeles

Algunos labradores engalanaban a sus caballerías con campanillas y cascabeles atados a la cabezada –correa de la cabeza–.  A los perros y gatos también les ataban cascabeles, incluso a los chotos –cabritos–.

Caramillo, zampoñas

Estos instrumentos los construían con varias cañas de diferentes longitudes y todas atadas. No es otra cosa que las antiguas flautas de pan.

Todavía acude al pueblo algún afilador de procedencia gallega, tocando el pifano –así es como le llaman los afiladores al chiflo o flautín con siete canutillos metálicos–  para avisar de su presencia en las calles. También suelen llevar una hoja de acero que cuando la doblan emite sonidos parecidos a los silbidos. Cuentan que tenía cierto parecido a las hojas de las dallas –guadañas–.

Carraclas

Para Semana Santa tocaban carraclas –carracas– y matracas, que construía el tío Santiago “el Carpintero”. Hablan del tío Celipón –Felipón– que tenía una enorme carracla que se tocaba con las dos manos. Pero más enorme era el “torno de Cerilo” –Cirilo– Gracia Bonafonte, fabricado con madera de nogal y tenía dos lengüetas.

Cucharas

Las cucharas de madera o metálicas eran adquiridas a carreteros o vendedores que pasaban por el pueblo. Las de madera según cuentan, eran de color blanquecino, por lo probablemente estaban fabricadas con madera de boj, duro arbusto que se localiza en las cercanas sierras de Teruel.

Cuernos

Los cuernos de cabra eran utilizados en la antigüedad. El sonido que emiten suele avisar al orden o llamada. Recuerdan que en El Villar de los Navarros, cuando “iban a la dula” –se le llamaba dula cuando un pastor cuidaba los rebaños de varios vecinos reunidos en uno solo–.  El pastor tocaba la cuerna o cuerno y se reunían los animales del pueblo. Alguno recuerda haber visto alguna caracola con un agujero para soplar.

Curdión, acordeón

Tanto el acordeón diatónico como la cromática, nunca las construyeron.

Donzaina, dulzaina, gaita

De la donzaina o gaita –dulzaina–, como dicen por estos lugares merece la pena insertar una descripción de la dulzaina hecha por Mario Gros, de Gaitería Tremol de Zaragoza, el cual hace una descripción clara y concisa de dicho instrumento.

“Se trata de un instrumento musical aerófono de lengüeta doble. El cuerpo principal del instrumento lo compone una pieza de madera, de interior cónico creciente y entre 30 y 35 centímetros de longitud. Torneados en maderas de azarollo, cerezo, jinjolero o ébano los modelos más lujosos, o perforados a fuego y tallados a navaja en capota de pino o sauquera los instrumentos de pastores y aficionados, el exterior también tiene forma troncocónica con final en forma de pabellón y finas paredes. Tanto en el extremo inferior (campana) como en el superior (garganta) pueden ajustarse virolas metálicas (latón, plata, alpaca...) como refuerzo y embellecimiento. Otros modelos, con más espesor de madera en sus paredes, presentan decoraciones torneadas e incisas. Casi todos cuentan con siete agujeros anteriores y uno posterior para la digitación. Existen otras dos perforaciones en la zona del pabellón, llamadas oídos o vientos, con función acústica, que no se tapan con los dedos. En la parte superior del cuerpo se inserta una pieza metálica en forma de cono (tudel) y, sobre esta, la lengüeta, caña, pita, pipa o incha generadora de la vibración que el tubo de madera se encargará de modular y amplificar. Las pitas, verdadero corazón sonoro de la gaita, se construyen con caña de ribera (arundo donax), material muy abundante y del que el valle del Ebro es un importante proveedor para lengüetas de saxofón y clarinete. Los instrumentos se adquirían en ferias y comercios, o eran fabricados por los propios gaiteros, como los afamados hermanos Aspas de Tramacastilla. Tampoco era infrecuente que pasaran de un gaitero a otro durante generaciones, aunque en otros casos el instrumento acompañara al músico a la sepultura. Los pastores solían construir instrumentos de aspecto más rústico pero, en ocasiones, con excelente calidad sonora”.

Desde tiempo inmemorial la dulzaina fue el instrumento rey de las fiestas de los pueblos y ciudades. Los pastores asumidos en la soledad de su oficio, tuvieron que ingeniárselas para pasar el tiempo lo más agradable posible, para ello, algunos, recurrieron a construirse sus propios instrumentos y a la música llamada “de oído”. Esta música fue utilizada en celebraciones y fiestas y era necesario utilizar un instrumento que los asistentes oyesen con cierta claridad y potencia, con el fin de llevar los compases del baile como es debido.

Para construir una dulzaina habría que conseguir una madera dócil, a ser posible blanda y que a la vez, sonase con energía. En algunos pueblos de la Sierra de Cucalón las construían con madera de sauquera –sauco– y pino. También las ha habido de hueso de ala de buitre. En Plenas, fueron de madera de perera –peral– y de carrasca –encina–, aunque ésta sea muy dura.

Sin medios mecánicos la construcción la podemos considerar muy laboriosa. Partiendo de un taco de madera, se debería de vaciar el interior, operación que se realizaba a base de hierros rusientes –candentes–. Una vez vaciado el interior tubo, había que afinar o lijar la madera, para ello, se servían de diferentes utensilios cortantes y dejar el mismo grosor por todo su diámetro. Las maderas “que tienen corazón” –interior de la rama blando– como la sauquera –saúco–, son menos complicadas de taladrar, ya que con un alambre más o menos rígido se puede vaciar el interior del trozo de madera.

Después del afinado interior y exterior, se hacían los agujeros con clavos rusientes que harían las notas musicales. Para conseguir la escala musical y conseguir la máxima perfección auditiva, habría que realizar infinidad de pruebas ensanchando los agujeros que fuese necesario.

Pero antes de llegar a esta operación, se tenía que tener preparada la pita, también llamada “caña”. Si compleja es  la construcción del tubo, no es menos la de la pita. De dos trocitos de caña, formarían la pita, pero eso sí, con mucha paciencia y sabiduría. 

Construida la gaita y la caña, era necesaria una pieza metálica de forma cónica llamada tudel, que se monta entre la madera y la pita de caña. Algunos pastores como Benito Pérez de Fonfría, tallaron su dulzaina con arte y esmero. La dulzaina de Benito se encuentra expuesta en el “Museu de la Música de Barcelona”. Benito se fue a vivir a la Ciudad Condal y acostumbraba a tomar café en un establecimiento cercano al citado museo. Poco a poco, fue consolidando cierta amistad con el camarero y le contó su procedencia y las aficiones que había disfrutado en su vida. Benito desconocía que en el mismo lugar donde acudía diariamente, también lo hacía el director del museo y que el camarero le había informado de su existencia. Así fue, y el responsable del museo se puso en contacto con Benito:

– Oiga, me he enterado que Vd. ha sido músico –le dijo el director–
– Bueno, yo he sido gaitero.
– ¿Tiene algún instrumento de cuando tocada?
– Pues sí, tengo mi última dulzaina.
– ¿Me la podría traer para verla?
– Está hecho.

Al día siguiente Benito apareció en el mismo lugar con su instrumento guardado en una artesana funda de cuero.

– Qué tal Benito, ¿se ha acordado? –preguntó el director–.
– Mire mi gaita –le dijo Benito–.

El director del Museu quedó asombrado ante la dulzaina de Benito. La gaita estaba construida y labrada a mano, formando numerosos rombos por todo su exterior.

–Benito, le rogaría que cediese su dulzaina al museo que yo dirijo, para dejarla expuesta al público.

Benito accedió gustosamente a la petición, y desde aquél día se encuentra en el museo, con una inscripción que dice: Dulzaina de Benito Pérez de Fonfría (Teruel).

Engañarañas

Con las hojas más altas de las cañas hacen una especie de flautas llamadas engañarañas. Se arranca la hoja más delgada y se sopla pos su base. La caña tiene que estar verde sin que se seque lo más mínimo. Los chicos utilizaban este instrumento para atontar a las arañas de las paredes.

Esquilos, esquilicos, trucos

Son campanas de metal y en su interior se ata un pieza más o menos cilíndrica de madera o hueso llamado botajo –badajo–. El esquilo llamado también cencerro o truco se ata al cuello de los animales y debido al movimiento emite un sonido cuado golpea el badajo al metal. Son colocados al ganado cuando el animal va a parir, estar cojo o enfermo y no podía seguir al resto, o para advertir su presencia y sobre todo, para ser localizados en caso de pérdida. También se utilizaban para dar más animación a los carnavales, cencerradas y en cualquier tipo de manifestación festiva.  Algún músico aficionado de Plenas ha hecho música con varios esquilos y trucos de distintos tamaños, formando la escala musical. Dicen de un vecino de Blesa, que todos esquilos que tenía o le encargaban los dejaba con el mismo sonido.

Gaitas

Con las hojas de calabacera se hacían las llamadas gaitas o trompas, utilizadas por chicos y chicas. Se corta la hoja con su mango. Con una peña lisa –piedra llana– se limpian los pinchos del mango de la hoja y se corta desestimando ésta última. Una vez limpio el tubo, se hace un pequeño corte longitudinal en el extremo estrecho del mismo y se sopla. El sonido emitido es parecido al de una cuerna.

Grillos

Con media cáscara de nuez hacían grillos. Se corta aproximadamente la mitad de media cáscara de nuez. En las dos esquinas que quedan se hacen sendos orificios pequeños, uno a cada lado. Se introduce un hilo o sedal en los dos agujeros dejándolo doble y se ata. Se mete un palito en medio de los dos hilos y se da vueltas hasta que quede tensado y se corre el palo para que no gire. Para tocar se pasan los dedos repetidamente por el palo y produce un sonido parecido al que emiten los grillos.

Guitarra

No se tiene constancia de la fabricación de guitarras.

Herros, yerros, hierros

Los hierros se utilizaban en roldas y los solía construir el herrero del pueblo. En otros lugares se le llama triángulo.

Laúd

Instrumento de cuerda que nunca lo construyeron.

Mandurria, bandurria

Este instrumento nunca lo construyeron artesanalmente.

Piedras

Con dos piedras llanas y alargadas cogidas entre los dedos de la mano, tocaban a modo de castañuelas. Las castañuelas de madera también se utilizaban en muchas ocasiones para cualquier acompañamiento, pero siempre fueron adquiridas en Zaragoza.

Pitos

Con los huesos de los alberjes –albaricoques– los chicos fabricaban los llamados pitos. En una superficie áspera o porosa, se frota el hueso por una de las dos caras hasta conseguir horadarlo. Una vez hecho el agujero se destruye la semilla del interior del hueso y mediante un alambre o instrumentos punzante se limpia. Cuando está totalmente limpio ya se puede utilizar, colocándose el hueso en el labio inferior de la boca y soplando de resbalón. Otra variante de este instrumento consiste en dejar secar el hueso y cuando al menearlo suena la semilla del interior, se agujera el hueso pero por las dos caras planas hasta conseguirlo. Una vez hechos los agujeros se coloca en la boca por uno de ellos, se sopla y suena como un pito con corcho en su interior.

Otro tipo de pitos los hacían con ramas de higuera huecas. También con ramas de chopo.

Pito, flauta de caña

Pastores y aficionados construían sus pitos o flautas en el monte valiéndose de cañas secas a ser posible cortadas en el menguante de enero. Recuerdan a verdaderos maestros que tocaban este sencillo instrumento. Benito Pujala, gaitero de El Villar de los Navarros, se podía escuchar a varios kilómetros “a la redonda” cuando tocaba el pito en pleno monte. También Benito Luño “el Manco”, León Antía Magallón, entre muchos otros… todos ellos de Plenas.

Para construir un pito es necesario disponer de una caña de 30 ó 35 centímetros de longitud, a ser posible de nudo a nudo (de una nudada). La caña es recomendable cortarla en el menguante de enero porque son más robustas y no se agrietan. A unos dos centímetros de un extremo, hay que hacer una ranura con resbalón. Normalmente este orificio se realiza con una navaja dando un corte sesgado. El citado extremo albergará la pita de pelarza –corteza– de chopo. La madera de chopo es buena para este menester, ya que es blanda de manipular y es agradable y dulce en su contacto con la boca. 

En el otro extremo y en el mismo lado donde se halla el resbalón, o sea el anverso, habrá que comenzar a hacer los seis agujeros que darán las notas musicales, manteniendo la distancia de unos a otros, que se demarcará poco más o menos, de un dedo a otro sin excesiva abertura. En el reverso llevará otro agujero del mismo diámetro que los anteriores. Todos los orificios se realizaban con hierros y clavos candentes.

Tambor o redoblante

Fiel acompañante de la dulzaina fue el redoblante o tambor, de la familia de las percusiones. Infinidad de gaiteros fueron acompañados por familiares, hermanos, hijos, etcétera, que tocaban dicho instrumento. No se recuerda que se construyese por estos pueblos.

Violín

Hubo gente de Plenas que lo llegó a tocar en rondas y en el baile. Se solía comprar a viajantes o en tiendas de instrumentos musicales de Zaragoza.

Lo músicos en las fiestas

Algunos músicos populares o bandas de música que amenizaron en Plenas las fietas fueron:

  • Delfín Gimeno Roche, "El sastre de Loscos". Tocaba guitarra y violín
  • Gaiteros de Lanzuela. Dulzaina y redoblante
  • Orquesta de Aguarón
  • Orquesta de Belchite
  • Orquesta de Encinacorba
  • Orquesta de Paniza
  • Orquesta Los Nuños

Músicos populares de Plenas y alrededores

Ignacio Navarro

Alejandro Martín Marteles, "el tío Legionario"
Labrador y pastor de profesión, tocaba el pito de caña que construía él mismo.
 
Antolín Gracía Expósito, "el tío Gallú"
Gallú o Gallur. No se sabe a ciencia cierta si procedía de Gallur, pueblo de la ribera del Ebro.
Muy buena persona, alto, erguido, de cuello de cisne (largo) y sobre todo gran trabajador y puntual. Escrupuloso y metódico, solía llegar al baile para amenizarlo, antes que los mozos y mozas.
Tocaba espléndidamente el laúd y “rasgueaba” de vez en cuando la bandurria y la guitarra.
 
Antonio Ortín Ambroj
En el baile tocó la guitarra, el laúd y el acordeón diatónico.
 
Antonio Pujala Lázaro, gaitero de El Villar de los Navarros
Cuando conocimos a Antonio en 1988 contaba con 87 años de edad. Se mantuvieron con él unas enriquecedoras conversaciones en la residencia de los Hermanos de la Cruz Blanca de Zaragoza.
Antonio aprendió a tocar la donzaina de su padre Benito, de oficio pastor de cabras. Siendo muy joven, comenzó a tocar la dulzaina. En sus tiempos de aprendizaje ensayaba por las orillas del río Cámaras a su paso por El Villar. Como muchos donzaineros, acompañó a su padre por infinidad de pueblos tocando el redoblante o tambor.
Con anterioridad, el padre de Antonio tocaba junto con Manuel, tamborilero de Santa Cruz de Nogueras.
La donzaina que que normalmente utilizaba tenía seis agujeros, pero con el paso de los años compró dos clarinetes, lo que le suponía un menor esfuerzo cuando tocaba por los pueblos.
Benito contaba, que un pastor de El Villar compró una dulzaina a otro vecino del mismo pueblo: "La donzaina era  muy aspra y muy dura de tocar, y se le apoderaba, hasta que lo mató”.
Entre otros pueblos, amenizó las fiestas de Allueva, Bea, Fonfría, Lagata, Letux, Loscos, Monforte de Moyuela, Muniesa…
 
"Cuando iba a los pueblos, toda la noche de baile" –contaba–.  Finalizado el baile, a medianoche, los mozos requerían la presencia de los gaiteros y los llevaban de acompañamiento a la ronda.
"Anda, négate, négate" –decía Antonio–. "Eso sí comías muy bien, hasta pollo, y la bebida abundante". "Ahí va, este puro pa los gaiteros" –les ofrecían los mozos–.
El repertorio musical de Antonio estaba formado por todo tipo de melodías y tonadas de la época: "Empezaba por jotas, que era lo que más gustaba".  Valses, pasodobles, mazurcas, habaneras, pasacalles, polcas… De Pablo, el ciego de El Villar, transformó musicalmente muchos de los romances que vendía: Romance del Pajarito, el de la Carmen… También recordaba al ciego de Lanzuela, que tocaba una "miaja" la flauta, y mucho más la trompeta y la guitarra.
En las conversaciones mantenidas con Antonio Pujala en octubre de 1988, recordaba con emoción su pasado y vida de gaitero. La expresión de su cara se transformaba en muchos momentos de la charla, dando claras muestras de haber vivido una vida llena de alegrías y tristezas.
 
Atanasio Navarro Marteles
Tocaba la guitarra en el baile.
 
Benito (apodado el manco) y Marcelino Luño, "Los gaiteros de Plenas"
Los gaiteros casi siempre fueron tildados de personajes muy singulares a los cuales recurrían los habitantes de los pueblos para amenizar con su alegre y pegadiza música las fiestas de los lugares donde eran requeridos.
Plenas también tuvo gaiteros propios. Dos hermanos, Benito y Marcelino, amenizaban todo tipo de fiestas, tanto las paganas como las religiosas. Hijos de Isidra Gracia Marteles y Pascual Luño Sancho, tenían dos hermanos más, Gerardo y Faustino. Sus padres –antes de la guerra civil de 1936– regentaban un viejo café, en el centro del pueblo, en un local propiedad del cura-párroco.
Benito, enjuto y de pocas carnes era bastante alto, se inició en el arte del pastoreo y comenzó a trabajar de ramadán de muy joven en casa de Los Morenos. Marcelino, más corpulento que Benito, siguió con la tradición de sus antepasados, dedicándose a las faenas del campo.
La soledad del oficio de Benito cuando desempeñó el oficio de pastor, sirvió para que tomase afición por la música y construirse él mismo sus propios instrumentos. Recordaban los más ancianos de Plenas, que en días tranquilos, se oía perfectamente y a muchas leguas el pito –flauta de caña– que Benito tocaba mientras pajentaba –apacentaba– el ganado. Se fabricaba sus propias donzainas –dulzainas–, con maderas de sauquera –saúco– o carrasca –encina–.
Benito tenía un brazo tullido, defecto físico que no le impedía en absoluto tocar cualquier instrumento musical, como el curdión diátonica –acordeón–.  Al tener este defecto, se le conocía por todos los pueblos como “Benito el Manco”.
Su hermano Faustino, llamado “Ojos de Gato”, también tocaba el acordeón. En todos pasacalles y bailes que hacía Benito por los pueblos le acompañaba su hermano Marcelino, que tocaba el redoblante o tambor.
Benito se casó con María Bonet y tuvo cinco hijos, tres varones:  Manuel, Benito y Pascual y dos hembras, Josefina y Gloria. Una vez casado, se trasladó de la vivienda de sus padres, a otra más pequeña, situada en la parte alta del pueblo.
Las ideas izquierdistas de Benito y su familia, obstaculizaron enormemente el desarrollo de sus vidas, y más concretamente, finalizada la guerra civil. Benito fue tachado de "rojo" y fue encarcelado. Su mujer e hijos fueron humillados y maltratados. Los vencedores les hicieron la vida imposible sin ningún tipo de escrúpulo. Mientras Benito estuvo en la cárcel su familia tuvo que malvivir en una oscura cueva. No tenían nada, porque todo les habían confiscado. Muchas veces, en las roldas, les cantaban a la puerta de la cueva donde vivían, amedrentando a su mujer y a los hijos pequeños de corta edad, muestra de ello, es esta canción que les cantaban:
 

Gaiteros y gaitericos
que mal lo vais a pasar,
la magra que habéis comido
la tendrais que gomitar.

 
Una vez en libertad, Benito fue a vivir al pueblo cercano Monforte de Moyuela (Teruel), donde encontró trabajo de pastor. Pocos años después, cansado y enfermo, murió el mejor gaitero de toda la redolada.
Benito Pujala, gaitero de El Villar de los Navarros, comentaba que Benito tocaba muy bien y hacía los dos tonos con la donzaina.
Celedonio García y José Antonio Adell, en su libro El pedestrismo en Aragón comentan: "En 1929 los dulzaineros de Plenas animaban las fiestas del barrio de la Magdalena":


Programa de fiestas publicado en "La Voz de Aragón" el 24 de agosto 1929.
Fiestas del barrio
En el de la Magdalena:
Durante los días 24, 25, 26 y 27 del actual mes, este barrio celebrará sus fiestas en honor a su patrón, San Roque, con arreglo al programa siguiente:
 
Día 24
A las 12 en punto de este día comenzarán las fiestas con repique de campanas y disparo de bombas reales; a la misma hora se izará en la torre de la Magdalena la bandera española, amenizando este acto una banda de música y los dulzaineros de Plenas, nuevos en esta ciudad.  Acto seguido la banda de música y los dulzaineros recorrerán las calles del barrio.
De 4 a 7, recorrerán las calles los cabezudos, acompañados por los dulzaineros.
De 5 a 7 la banda de música recorrerá las calles tocando alegres pasacalles.
De 7 y media a 8,3o, gran becerrada.  Para dar más realce a este acto, la comisión ha organizado una gran cabalgata en la que se lucirá una carroza artísticamente engalanada por varios vecinos del barrio, siendo ocupada por bellísimas señoritas acompañadas de una rondalla, a continuación irán varios ciclistas con las bicicletas engalanadas y los coches de las señoritas presientas. siendo acompañadas por 2 bandas de música.


Día 25
A las 6,30 de la mañana gran diana por los dulzaineros.
A las 7, recorrerá la banda de música las calles del barrio tocando alegre diana.
De 9 a 12 segunda salida de los cabezudos acompañados por los dulzaineros.
A las 10,30, en honor al Santo patrón San Roque, solemne festividad religiosa, con sermón a cargo del R.P. Cristóbal Eraúl.
De 11 a 1 concierto por la banda.
De 4  a 6, 3ª salida de los cabezudos.
A las 6,30 solemne procesión que recorrerá las calles del barrio.
Por la noche, primer baile-verbena en el tablado de la plaza de la Magdalena.  A la misma hora, otra banda de música dará concierto en diferentes calles.


Día 26
A las 7 de la mañana diana por la banda de música y los dulzaineros.
A las 8, aniversario de los cofrades y hermanos difuntos.
De 9 a 12 cuarta salida de los cabezudos.
De 11 a 1, concierto por la banda de música.
De 4 a 6,30 en la plaza de la Magdalena, concurso deportivo infantil a base de patines y triciclos, otorgándose premios en metálico.
A la hora de costumbre, última salida de los cabezudos.
A las 6 y media, gran carrera de cintas, presidida por las señoritas donantes, amenizando este acto la banda de música.
Por la noche 2º baile-verbena en la Pz. de la Magdalena.  Como en noches anteriores otra banda de música ejecutará escogidas composiciones, en las calles del Barrio.
Esta misma noche saldrá una ronda de jota en la carroza adornada por los vecinos.


Día 27
De 11 a 12, elevación de globos aerostáticos grotescos en el tablado de la Pz. de la Magdalena.
De 4 a 6 gran concurso hípico infantil, adjudicándose premios en metálico.
Por la tarde a la hora que oportunamente se anunciará, tendrá lugar un partido de fútbol, por elementos del barrio, en el campo del Zaragoza. 
Por la noche, de 10 a 12, gran baile-verbena en la Pz. de la Magdalena.  Acto seguido, gran retreta que recorrerá las calles del bº, terminando en el tablado con la jota de "Gigantes y Cabezudos".


 
Benito Pérez, Fonfría (Teruel)
Más conocido como Blas en Fonfría, pueblo en el que nació. Se casó con Patro, de Bea. Después de casados se trasladaron a Barcelona.
 
El “tío Cajudo”, de Blesa (Teruel)
Otro de los músicos más conocidos por estos lugares fue “el Cajudo”, de Blesa. En Monforte contaban que tocaba muy bien el violín. La estrecha amistad que le unía con Atanasio Navarro Marteles, hizo que acudiese a la boda de su hijo Vicente Navarro casado con María Luño. La orquesta se componía de dos personas de Blesa, que tocaban el violín y una de Muniesa que se encargaba de la guitarra. De “los Cajudos” dicen que alguna vez vinieron a Plenas para tocar en las fiestas.
 
Cirilo Gracia Bonafonte
Pastor de profesión tocaba el pito de caña construdo por él mismo.
 
Cirilo Pellejero
De profesión practicante, lo que hoy llamamos ATS, tocaba espléndidamente el órgano de la iglesia de Plenas. Se casó con Teófila Hernández.
 
 
Delfín Gimeno Roche, "el sastre de Loscos" (Teruel)
De Delfín hablan maravillas muchos de los pueblos de los alrededores de Loscos. Delfín tenía 60 años de edad en 1992 y denotaba excelentes recuerdos y gran sentimiento por la guitarra, instrumento que comenzó su aprendizaje a los siete u ocho años, influido por la maestría de su padre José Gimeno, también de profesión sastre. El violín también lo tañía con facilidad.
En una amena charla mantenida con Delfín, flaco de carnes, alto y de gran entereza humana y musical, se le notaba la enorme añoranza por el instrumento que tocó durante muchos años en fiestas de pueblos.
La primera salida que hizo fuera de su pueblo natal, la realizó a El Colladico (hoy pueblo abandonado y de propiedad privada), acompañando a su padre y a su hermano mayor José María, ambos músicos de violín. Su hermano tocada laúd a dos voces y perfectamente el violín.
De los pueblos que fue a tocar recuerda los siguientes: Anadón, Bea, El Colladico, Fonfría, Luesma, Mezquita de Loscos, Monforte de Moyuela, Nogueras, Piedrahita, Plenas, Rudilla, Salcedillo, Santa Cruz de Nogueras, Villanueva del Rebollar…           
Infinidad de anécdotas y recuerdos, rodean a estos maestros musicales que sin saber solfeo eran eruditos de cualquier tipo de instrumento musical que llegaban a sus manos.
En Rudilla, cuando fue la primera vez para amenizar las fiestas, lo vieron tan “jovencito” y pequeño, que los mozos del pueblo le ayudaban a llevar la guitarra.
Cuando eran contratados  y si el pueblo que los requería no distaba mucho de Loscos, se desplazaban a golpe de calcetín y si estaba más lejos, lo hacían a lomos de caballerías. En ocasiones los iban a buscar con estos animales del lugar que les había contratado. Delfín recordaba, que solamente bajaron a Plenas en una ocasión y tocaron el último día de fiestas.
La alimentación y el alojamiento en los pueblos que eran contratados fue siempre de la mejor calidad y dormían repartidos en las casas de los mozos.
Pero la vez que no fallaban, era el día que los vecinos de Loscos celebraban una romería en el término municipal de Plenas, en la ermita del Carracal, el día 13 de Mayo.  Allí se hacía baile y acudían de los pueblos de alrededor.
Su enorme sentido musical, hacía que cualquier nota musical o melodía que oyese, se le quedase grabada, procediese de las primitivos aparatos de radio o de otros músicos que tocasen por los alrededores.
Normalmente los contrataban para romerías, bodas, fiestas patronales, roldas… En fiestas solían tocar un par de días y tocaban en diferentes ocasiones de cada jornada en misas y procesiones, pasacalles y bailes.
El baile comenzaba a las cinco de la tarde y acababa a las nueve de la noche y lo reiniciaban una hora más tarde; finalizaban la jornada sobre la una de la madrugada.
El repertorio musical de Delfín era muy ameno y de gran variedad: boleros, fox, habaneras, jotas, mazurcas, pasodobles, rumbas, tangos, toques de procesiones, valses…
 
Demetrio Bonafonte
Demetrio, maestro de profesión, tañía la guitarra y el laúd. Pero también se inició en el arte del violín, aunque con menos asiduidad y maestría. Aprendió de oído e influido por su padre Pedro Bonafonte "el tío Manteca" y de sus hermanos mayores Serapio y Martín. Algunas veces tocaba las botellas de agua.
Demetrio amenizaba el baile del pueblo antes de la guerra civil, acompañado por dos personas más y después de la contienda por su padre. Algunas veces era requerido para amenizar bodas. En la bispra –víspera– de la boda tocaban por la noche, al día siguiente, después del desayuno, comida y cena. Antiguamente nunca cobraban dinero alguno por sus servicios, solamente percibían la comida, pero en los últimos años de su estancia en Plenas cobraban cinco duros por boda amenizada.
En funciones de teatro que el mismo dirigió, logró sorprender a todos los asistentes con espontaneidad y acierto, golpeando con un palo botellas llenas con diferente cantidad de agua.
 
Felipe Gracia Luño
Amigo íntimo de Germán Calvo, hizo sus pinitos con el laúd; tenía un gran sentido del ritmo y oído muy fino, por lo que participaba en reuniones que tenían los amigos en el café. Cuentan que tenía una sonrisa abierta, alegre. “Hablador, gran chico, pero el ‘pobre’ en estos golpes que da la vida, cogió una enfermedad y en su juventud falleció”. Se le tuvo un gran aprecio como persona.
 
Fermín Gracia Fortún
Tocaba la guitarra, compenetrándose muy bien con Julián Bonafonte.
 
Francisco Bonafonte Sanz
Tocaba la guitarra en el baile con Demetrio y Serapio Bonafonte.
 
Francisco Gracia Yus "Bronco"
Todavía soltero, trabajó de pastor, donde se aficionó a tocar el pito de seis agujeros. Benito el Manco le regaló un pito que sonaba muy bien y lo guardó durante muchos años.
 
Francisco Luño Martín, "Josito", "de los Jositos"
De profesión pastor, hacía pinitos con el pito de caña.
 
Francisco Marteles Gracia, "Baltierras"
Labrador y pastor, tocaba el laúd.
 
Gaiteros de Lanzuela (Teruel)
“Acudía a tocar para las fiestas de Fonfría, acompañado por una persona de Loscos.  Vivió en en una residencia de ancianos en el barrio de La Bozada de Zaragoza" –comentaban en Fonfría–. En Plenas tocaron en varias ocasiones. El dúo de músicos lo componían el tío Félix que tocaba la dulzaina y su sobrino que se encargaba del tambor. Recuerdan en Plenas que Félix era muy alto, delgado y seco.
 
Germán Calvo Marteles, "el Cabrero"
Tocaba magníficamente la bandurria y dicen que sacaba unos tonos que estremecían a los oyentes. De gran oído y muy fino. Casi siempre tocaba en su casa y pocas veces lo hizo en público.
 
Gregorio Gracia, "General"
Era pastor y tocaba el pito de caña. Más tarde se fue a Zaragoza, donde trabajó vendiendo iguales debido a su ceguera.
 
Ignacio Bonafonte Martínez
Pastor, tocaba el pito de caña.
 
Inocencio Gracia Yus
Pastor y labrador, tocaba en el baile la guitarra y el laúd.
 
Jacinto Pellejero, "el tío Pellejero"
Al tío Pellejero se le puede considerar como el alma mater de los músicos populares de Plenas desde principios de siglo. Cuentan que tocaba cualquier instrumento musical que le venía a mano. Aunque lejos de sus aficiones musicales, su profesión era zapatero, igual que reparaba unas albarcas, confeccionaba un par de zapatos.
Fue el último vecino de Plenas que tocó el antiguo órgano de la Iglesia Parroquia, instrumento que fue quemado durante la guerra civil. De todos instrumentos que tocaba recuerdan entre otros: guitarra, bandurria, violín, dulzaina.
Su destreza y sabiduría musical, los adquirió por el excelente sentido auditivo que disponía. Dicen que Jacinto, enseñó a tocar a varios vecinos del pueblo, entre ellos destaca, otro gran guitarrista el tío Pedro Manteca. Jacinto Pellejero murió antes de la guerra civil.
 
Jesús Gracia, "el Diablo"
De profesión pastor, tocaba el pito de caña.
 
José Sancho Yus
Hermano de Pascual Sancho e hijo del tío Pascual el “tío Aguacil” y la “tía Aguacila”, toca el laúd y acordeón cromática.
 
Juan Herrando, "Colete"
Juan tocaba el tambor.
 
Julián Bonafonte Calvo
Hijo de Serapio Bonafonte y nieto del tío Manteca, logró sin mucho sacrificio dominar el laúd con delicadeza, soltura y limpieza.
 
Julio Sánchez, cucharero de Moyuela
Julio tocaba las cucharas de madera valiéndose de dos o tres unidades. Siempre tocó en bodegas o en juergas con los amigos, y se puede asegurar, que lleva muy bien el ritmo, sobre todo el de las jotas.
 
León Antía Magallón
Tocaba muy bien el pito o flauta de caña de seis agujeros.
 
Leoncio Navarro Yus
Hijo de Leoncio Navarro y Cecilia Yus, tocaba la guitarra en el baile.
 
Luis Monreal Castro, "el Garroso"
Tocaba el laúd y un poco de acordeón en el baile.
 
Manuel Martínez Bonafonte
Hijo del tío Patrocinio y hermano de Ignacio, quizás sea el más polifacético de todos los músicos populares de Plenas. Entre muchos instrumentos que toca se pueden citar:  la guitarra, la bandurria, el laúd, el acordeón, la filarmónica, las botellas y un sin fin de artilugios construidos con materiales que da la propia tierra. Hacía trucos de magia clavándose instrumentos afilados por la cara.
 
Miguel Luño Martos
Gran aficionado a el laúd lo tocaba bastante bien y era amigo de Petronio Ortín y Roque Sancho (otros músicos). Los tres juntos eran fieles a la hora de tocar en el baile. Gracias a ellos y en muchas ocasiones, fueron los artífices de que el baile continuara, pues en muhcas ocasiones, si no hubiera sido por ellos, el baile hubiera seguido pero con un solo músico.
 
Narciso Plou, "Cartujo"
Narciso solía tocar con tres cucharas metálicas en fiestas de amigos y familiares.
 
Pascual Sancho Yus
Hijo de los “tíos Aguaciles” y hermano de José Sancho, fue virtuoso de la armónica, la tocaba magníficamente. Igualmente logró dominar el laúd, tocando toda clase de música, principalmente la moderna que llegaba a los pueblos. Pascual sustituía en el local de Serapio (baile), a los músicos que alegraban las tardes de los domingos. Su participación en el baile duró hasta que fue a cumplir el servicio militar. Suele acompañar con su voluminosa acordeón cromática en las auroras que se cantan a primra hora de la mañana el día de San Agustín.
Pascual recuerda que inició sus primeras notas con la canción "Una noche de bocas…" y el estribillo "Hay de mí, quien pudiera esta noche llorar…", con el laúd de Serapio Bonafonte.
 
Paulino Burriel, de Allueva (Teruel)
Compaginaba las labores del pastoreo con las de la labranza, aunque ésta última con más dedicación. Tocaba con esmero el pito y la dulzaina. Ya jubilado, amenizaba las tardes a los ancianos que pasaban el rato en un club de ancianos de la Ciudad Jardín de Zaragoza.
 
Pedro Bonafonte Sanz, "El tío Manteca"
Apodado "el tío Manteca". Gran virtuoso de la guitarra tocando "a lo grande" piezas de concierto y las de moda de aquéllos tiempos. Utilizando todas las cuerdas de la guitarra por todo su mástil, sacaba excelentes "sones" que ponían los "pelos de punta". ¡Gran guitarrista! –comentan–, en éstos tiempos, seguro que hubiera triunfado como solista. Dicen que tocaba cualquier instrumento que le saliese al paso.
 
Pedro Navarro Alzorriz
Hijo de Atanasio Navarro y Valeriana Bonafonte, tocaba el laúd y un poco de acordeón en el baile del pueblo.
 
Pedro Oliván Bonafonte
Nieto de Pedro "Manteca", tocaba el laúd, guitarra y un poco de violín. Los dos primeros con bastante habilidad y fue el promotor de que se realizase el baile en los tiempos de mozo.
 
Pedro Ortín Pardos
Tocaba el laúd, por lo que era requerido para participar en roldas de mozos y en las fiestas que ellos hacían. Su manera de tocar era con alegría y animosidad.
 
Petronio Ortín Pardos
De gran afición y voluntad musical, tocaba el laúd. Lo hacía bastante bien derrochando tesón y alegría. Posiblemente también tocase la guitarra.
 
Presentación Pellejero Trullén
Familia de Jacinto, cuenta que tocaba muy bien el pandero "le hacía hablar". Se acompañaba con su propia voz.
 
Remigio Ortín Gracia
Labrador, gran cantor en las misas de antaño, cuando se hacían en latín –sobre todo en las de difuntos–, tocaba el acordeón diatónico.
 
Roque Sancho López
“Tocaba el laúd con gran alegría y muy bien”. Estaba al día en canciones modernas, ya que su oído le permitía captar cualquier sonido, por difícil que fuese. Es de destacar de este músico popular que nunca se le agotaba el repertorio, cuando no sabía que tocar, se inventaba un tango o pasodoble, dejando a todos oyentes con la "boca abierta" pensando… ¿pero qué es esta pieza?
 
Serapio  y Martín Bonafonte Marteles
De la saga del abuelo "Manteca" y hermanos de Demetrio. Los tres hermanos siempre tocaron algún que otro instrumento musical. Serapio, manejaba con soltura el laúd y la guitarra. Martín, de oído muy fino, tocaba el laúd y la bandurria, cualidad que le distinguía en su utilización.
 
Servando del Río Marco, "Currietas"
Aprendió a tocar el laúd.
 
Sixto Oliván Bonafonte
De profesión sastre, tocaba la bandurria y el laúd. De excelente oído, tocaba con suavidad y sumo gusto. "Daba gusto oírle" –comentan–.
 
Tomás Luño Domeque, "el Pincho"
Labrador, más conocido por "el Pincho", gran amigo de todos, bondadoso y buen chico. Logró tocar con pulcritud el laúd y participaba en algunas sesiones del baile.
 
Valentín Navarro Yus
Hijo de Leoncio Navarro y Cecilia Yus, tocaba la guitarra.
 
Vicente Oliván Bonafonte
Fue secretario de diferentes ayuntamientos durante muchos años, también tocaba el laúd.
 
Vicente Sancho Luño
Hijo de Gaspar "el Paleta", quedó ciego de chaval por una explosión de un artefacto perdido después de la Guerra Civil. Toca el laúd y el saxofón.

Las roldas de Plenas

A los mozos de que tenían previsto ir al servicio militar se les llamaba quintos. Cada año había nuevos quintos y se organizaban para pasarlo lo mejor posible, sobre todo en época invernal. Para ello, lo esencial era que alquilasen una casa, en la cual harían sus juergas y meriendas durante el año de la quintana.
Entre otras cosas, tenían como costumbre repartirse las noches que deberían de pasar en el horno para conseguir que las mozas les fabricasen tortas. Tortas que repartirían al día siguiente entre todas las personas que acudiesen a la casa donde tenían su sede. Todos asistentes eran obsequiados con torta y vino, sin escatimar en abosluto cantidad alguna.
En invierno, muchas noches acostumbraban a roldar –rondar– por todo el pueblo. Estas roldas –rondas– de quintos, se componían de chicos, chicas o cualquiera que quisiera unirse a tan alegre acto de alegría y amistad.
Se cantaban jotas acompañadas por guitarras, bandurrias y laúdes. Tampoco faltaban instrumentos caseros como almideces –almireces  o yerros –hierros–.
Los quintos aprovechaban la ocasión para cantar debajo de las ventanas a sus novias o mozas a las que se pretendía cortejar.

Ya está la rolda en la calle
ya está la formalidá
nadie se meta con ella
que ella no se meterá.

Con esta jota se avisaba de las posibles repercusiones que podrían tener si la rolda era molestada por algún motivo.

S’a chica que hay en el balcón
dos tiros le pegaría
con polvora de mi cuerpo
pero no la mataría.

Entre agasajos y piropos, hacían que las dos o tres horas que duraba la vuelta, se pasasen con alegría y buen humor.

Como distintivo, cada quinto portaba un enorme palo con ganchos en uno de los extremos. A este artilugio se denominan furrunchón.

Finalizada la rolda, todos asistentes se iban a sus casas y los quintos se recogían en su sede para comentar lo acaecido durante la noche.

Cantas, coplas y romances

María hacéme una torta

María hacéme una torta           
aunque sea de centeno,
que masada de tus manos
parece de trigo bueno.
 
No quiero que me cairé
echa los brazos al aire
que yo te recogeré.
 
Estas son las cuatro esquinas
y las cuatro bocas calles,
donde se ajuntan los mozos
los sabádos por las tardes.
 
A tu padre se le dije
a tu madre no m’atrevo,
décile tu por los dos
y nos casaremos luego.
 
A la calle abajo va
una cordera sin madre,
sino me la quita Dios
no me la ha de quitar nadie.
 
Hazme chocolate con azúcar y agua
agua no hay en casa, pues ves a buscarla
y al abrir el pozo le picó una rana
le picó con gusto, le picó con gana
a los nueve meses la barriga hinchada.
 
Catorce gallinas tengo
y no riñen casi nunca,
si se golvieran mujeres
no podrían estar juntar. (Valeriana Yus)

 

Canta de novios


Jesucristo por el mundo
él pasó muchos trabajos,
he pasado mucho frío
calle arriba, calle abajo.
 
Ya me daste la palabra
como es cosa natural,
el domingo por la tarde
ya podremos festejar,
y también entre semana
si tenemos ocasión.
 
Te quiero más que a mi vida
y más que a mi corazón,
más que mi padre mi madre
mira que comparación. (Valeriana Yus)


Romande de Delgadina


Un rey tenía tres hijas
y las tres como una plata,
la más maja que tenía
Delgadina se llamaba.
 
Un día estando en la mesa
su padre se la miraba,
¡qué me miras padre mío!
¡qué me miras tú a la cara!
 
Que te tengo que mirar
que has de ser mi enamorada,
no lo manda Dios del cielo
ni la reina soberana.
 
Si es de mi padre mujer
de mis hermanos madrastra,
y a mi pobrecica madre
déjala desamparada.
 
Criados de mis criados
los que traje de Granada.
subir a la Delgadina
a lo más alto de la casa.
 
A lo que subieron
San José hacía la huesa,
los ángeles la alumbraban
y la Virgen la amortajaba. (Valeriana Yus)

 
 
Romance de Gerineldo


Gerineldo, Gerineldo
Gerineldito pulido,
quién te pillará tres horas
tres horas a mi alberido.
 
Como soy vuestro criado
os queréis burlar de mí.
No me burlo Gerineldo
cúmplase lo prometido.
 
Ya dan la una, dan las dos
Gerineldo ha movido
va a la cama de la Virgen.
Y su padre como lo sabía
en la cama los encontró durmiendo.
 
Pongo mi espada entre medio
que me sirva de testigo,
y a frior de la espada
la imágen se ha revenido.
 
Levántate Gerineldo
levántate amor mío,
que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido.
 
Y el rey como lo sabía
al encuentro le ha salido.
 
Donde vienes Gerineldo,
donde vienes,
tan triste y descolorido.
Pues yo vengo del jardín
de coger flores y lirios,
y la usencia de una rosa
el color me se ha comido.
 
No me mientas Gerineldo
no me mientas amor mío,
que con mi hija infante
esta noche tú has dormido.
Ni que te cases con ella
yo te voy a dar contigo.
 
No lo manda Dios del cielo
ni la Virgen de la Estrella,
que con mujer que yo duermo
yo no me caso con ella.
 
Un castigo el rey a Gerineldo
le va a dar,
nombrado por toda España
un capitán general. (Valeriana Yus)

 
 
Romance de Gerineldo


Gerineldo, Gerineldo
Gerineldito pulido,
quién pudiera esta noche
tres horas dormir contigo.


No se burle usté señora
porque soy criado suyo,
dan las doce dan la una
Gerineldito ha venido.


Dan tres vueltas al palacio
y al cuarto se ha dirigido,
después de acabar la lucha
los dos quedaron dormidos.


Levántate Gerineldo
que los dos somos perdidos,
que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido.

Y el rey como lo sabía
y al encuentro le ha salido.
¡Donde vas Gerineldo!
tan triste y descolorido.

Vengo de oler una rosa
que el color se me ha comido.
¡No me mientas Gerineldo!
que con la infanta has dormido. (Teresa Martín)

 

Mañana me voy soldado (y varias)


Mañana me voy soldado
con intención de golver,
si me encuentro casado
de tu sangre hi de beber.
 
Mañana me voy soldado
por la carretera Soria,
y en el bolsillo me llevo
el retrato de mi novia.
 
De quién son aquéllas mulas
de aquel mozo tan galán,
que lleva las tejas de oro
y las rejas de cristal.
 
Asómate a la ventana
esa que cae a la vega,
y verás los labradores
como remueven la tierra.
 
A tu balcón subiré
a escorrerte las cortinas,
un abrazo te daré
manojo de rosas finas.
 
Carcelera si me muero
no se lo digas a nadie,
que no quiero que se entere
ni tu padre ni tu madre.
 
 
Algún día yo fuí moza
ahora doncella y madre,
y el infante que yo crío
es el monstruo de mi padre.
 
Nañana me voy soldado
por la carretera Soria,
en el bolsillo me llevo
los pendientes de mi novia.
 
A tu balcón subiré
a correrte las cortinas,
un abrazo te daré
manojo de rosas finas.
 
En mi vida he visto yo
lo que he visto esta mañana,
una gallina en la torre
repicando la campana.
 
Ya se van los quintos madre
ya se va mi corazón,
ya no tengo el que tiraba
piedrecicas al balcón.
 
Asómate a la ventana
y asómate al ventanico,
y verás a tu galán
como toca el guitarrico.
 
Ya se va el tren de madrid
con banderas esplegadas,
bajando siete vagones
de mocitas embarazadas.
 
No hay nada que más refresque
que las manos de un barbero,
el culo de una mujer
y las narices de un perro.
 
Todos los que cantan bien
llevan pelos en el culo,
y yo como canto mal
no me ha salido ninguno.
 
Por darte un beso en los moros
pagué de multa seis reales,
no he visto cosa más cara
los materiales.
 
Los frailes de Monteagudo
cuando no tienen que hacer,
se arrancan los pelos del culo
ya hacen cuerdas pa tejer.
 
En Loscos está San Roque
en Zaragoza el Pilar,
Santo Domingo en Mezquita
y en Plenas el Carrascal.
 
El hombre para ser hombre
necesita tres partidas:
hacer mucho, hablar poco
y no alabarse en la vida.
 
Ya se que ha dicho tu padre
que eres jóven pa casarte,
pues que te meta en adobo
y avise cuando te saque.
 
Ya sé que ha dicho tu padre
que yo para tí soy poco,
ya iremos a l’arboleda
y le cortaremos un chopo.
 
Aunque vives en rincón
no vives arrinconada,
que en los rincones se crían
las mejores ensaladas.
 
Como vives en rincón
y vives arrinconada,
en los rincones se crían
las mejores ensaladas.
 
¡Ay Miguela cuando te veo
con la faldica rota!
el palico del medio
se me alborota.
 
Si los picos l’as enaguas
pagaran contribución,
que pocas te ganarían
a pagar en Aragón.
 
Arriba cachiburriana
que se te seca el tomate,
tíralo por la ventana
si se mata que se mate.
 
Eres hermosa y por eso
no quiero que hables con nadie,
sólo con el confesor
con tu padre y con tu madre.
 
Mi abuelo tiene un trabuco
con pelos en la culata,
y a la pobre de mi abuela
a culetazos la mata.
 
Cuando mi abuela se murió
a mí no me dejó nada,
y a mi hermana la dejó
asomada a la ventana.
 
María se ha de llamar
la que conmigo dormiese
y después de haber dormido
llamarse como quisiese.
 
Que gusto dará el oirte
de tu boca real salero,
cuando el cura te pregunte
y tú respondas sí quiero.
 
A tu madre se le dije
a tu padre no m’atrevo,
díselo tú por los dos
que nos casaremos luego.
 
Un delantal tan tirano
llevan las tudelanas,
por la mañana temprano
cuando van a la mejana.
 
Mozo viejo no lo quiero
porque se va con las casadas,
que lo quieo jovencico
de la primera florada.
 
Dicen que el casar, casar
yo también me casaría,
pero dormir con el novio
eso sí que no lo haría.
 
Cada vez que nombras Pascua
se me alegra el corazón,
porque de Pascua a Pascuala
va poca la distinción.
 
Eres buena chica y llevas
flores en el delantal,
pero tienes una falta
que te las dejas tocar.
 
Al Calvario fuí por leña
cogí una carga melones,
los llevé a la barbería:
¡principio tienen las cosas!
 
Ese mozo que ha cantado
lo que tiene es cobardía,
porque canta por las noches
y se esconde por el día.
 
Mis padres fueron al cielo
limpios de alma y corazón,
y yo les canto la jota
que es el rezo de Aragón.
 
Cuando vayas a la fuente
cuida no rompas el cantaro,
pues si el cantaro se rompe
difícil será .
 
Al subir la cuesta arriba
al subirla me reviento,
pero tengo una morena
que me ayuda con su aliento.
 
En el cielo manda Dios
en el pueblo manda el alcalde
y debajo de las saas de mi novia
no quiero que mande nadie.
 
Encima de tu ventana
tengo plantado un tres,
una rosa catalana
y un clavel aragonés.
 
De los árboles frutales
el olivo es el mejor,
que de ellos sale l’aceite
que alumbra a nuestro Señor.
 
Asómate a la ventana
cara de sardina frita,
que cada vez que te veo
se  me regüelven las tripas.
 
El día que nací yo
dijo llorando mi abuela,
si esta niña tiene suerte
vivirá hasta que se muera.
 
En tu puerta planté un pino
y en tu ventana una higuera,
pa que te comas los higos
morritos de laminera.
 
Mañica tus pechos son
como dos pirineos de nieve,
déjame meter las manos
aunque los dedos me hiele.
 
Capullito, capullito
ya te vas volviendo rosa,
ya te está llegando el tiempo
de decirte alguna cosa.
 
Aunque tengas más amores
que flores tiene un almendro,
no te ha de quere niguno
como yo te estoy queriendo.
 
Aunque estuviera cantando
un año de trece meses,
no te habría de cantar
la misma canta dos veces.
 
A la calle abajo va
una cordera sin madre,
si no me quita Dios
no me la quitará nadie.
 
Cuando querrá Dios el cielo
y la Virgen soberana,
que nos suban a los dos
el chocolate a la cama.
 
Cuando paso por tu puerta
y paso sin murmurarte,
aste cuenta qui pasau
pol infierno sin quemame.
 
Cuando se murió mi madre
me dijo que no llorara,
que le cantara una jota
y que nunca la olvidara.
 
Ya se que ha dicho tu madre
que no me quiere pa nuera,
yo tampoco quiero a su hijo
que tiene mala madera.
 
En la veleta la torre
tengo panizo sembrado,
esta noche con la luna
me voy a ir a entrecavalo.
 
A Zaragoza me voy
a caballo en un mosquito,
hasta los chicos me dicen
que caballo tan chiquito.
 
Labradorcico lo quiero
que venga del campo tarde,
con las alforjas al hombro
y la cara de vinagre.
 
Un beso te dí en la boca
y ahora hi venido a por él,
como tú y yo hemos riñido
me lo tiés que degolver.
 
En iste barrio qu’entramos
hay una cachipurriana,
que lleva los codos rotos
de asomase a la ventana.
 
En Zaragoza te ví
dentro de una platería
y relumbraban tus ojos
más que la plata que había.
 
Cuando paso por tu puerta
cojo pan y voy comiendo,
porque no diga tu madre
que de verte me mantengo.
 
T’acuerdas cuando me dabas
la lumbre por la gatera,
y tu padre cuando lo supo
de rabia mató a la perra.
 
A la una nací yo
y a las dos me bautizaron,
a las tres encontré novio
y a las cuatro me casaron.
 
En esta calle qu’entramos
tiran l’agua de fregar
y por eso la llamamos
la calle de festejar.
 
A tí te parece qu’eres
la espuma de la canela
y eres l’aspuma el vino
que tira la tabernera.
 
Si los besitos salieran
como sale perejil,
ya’ce días que tu cara
parecería un jardín.
 
Juaquina la de l’asquina
Martina la del rincón,
María la de la plaza
que’res más bella que’l sol.
 
Señor alcalde mayor
le diga usted a su criada,
que s’acorce el delantal
o que se alargue la saa.
 
Tu madre tuvo la culpa
por dejar la puerta abierta,
yo por meterme dentro
y tú por estarte quieta.
 
El día que yo me case
a de ser a condición,
que lo tuyo ha de ser mío
y lo mío tuyo no.
 
Cuando paso por tu puerta
paso corriendo y escucho
y siento que dice tu madre
qu’eres cocha y duermes mucho.
 
Anda cochina a fregar
y el agua ya está caliente
y el esparto está chilando
que desde la plaza se siente.
 
De quien son aquéllas mulas
y aquel mozo tan galán,
que lleva la esteba de oro
y las rejas de cristal.
 
Ya se que te has alabado
que tienes muchos jugones
y tu padre está en la cama
por no tener pantalones.
 
María sé que te llamas
y el apellido no sé,
cuando pase por tu puerta
María te llamaré.
 
En Madrid está la Corte
y en Barcelona la mar
y en Plenas lo que tenemos
la Virgen del Carrascal.
 
Ya te has casado mañica
ya’s logrado tu deseo,
Dios quiera que no te pene
el haber dicho sí quiero.
 
Como quieres que te quiera
si soy un pobre jinete,
si no puedo mantener
saa con tanto ribete.
 
En el medio de la plaza
hay una piedra redonda,
donde se sientan los mozos
a ver pasar a las mozas.
 
María hacemé una torta
aunque sea de centeno,
que masada de tus manos
parece de trigo bueno.
 
En mi pueblo pa las fiestas
se blanquean las fachadas,
se ponen el traje nuevo
y hasta se lavan la cara.
 
Asómate a la vergüenza
cara de poca ventana
y dame un jarro de sed
que m’estoy muriendo d’agua.
 
En la Sierra de Alcubierre
cantaba una curribalba,
con siete curribalbicos
que bien se curribalbaban.
 
Si me quieres dímelo
y si no desengañame,
que como cambian los tiempos
cambianse las voluntades.
 
El primer clavel dorado
que echa mi clavelinera,
se lo tengo que poner
a mi amante en la pechera.
 
Te quise porque te ví
y te ví porque Dios quiso
y al ver lo poco que me quieres
me pena d’daberte visto.
 
Si te casas en mi pueblo
tendrás una gran fortuna,
que irás por agua a la fuente
a caballo en una burra.
 
Llevas alpargatas blancas
con esfeladices verdes,
como eres hija de viuda
bién sales con lo que quieres.
 
Entre chambras y gabanes
y farandolas y picos,
vuelves a tus padres pobres
y a los comerciantes ricos.
 
Eres doncellita hermosa
y nacida de buenos padres,
te has casado con un viejo
más vale ensalada que hambre.
 
Desde que te has echao novio
no cabes en el pellejo
y es muy mal trabajador,
feo, pobre, sucio y viejo.
 
Si mi novio es despreciable
chica yo no tengo orgullo,
cuando tengas si lo tienes
veremos como es el tuyo.
 
Los mozos del Barrio Bajo
entramos en el Vergel,
¡donde están las buenas mozas!
¡que las venimos a ver!
 
Te saludo folastero
y te dedico esta canta,
como es mu guapa tu novia
debes de pagar más manta.
 
Te quise porque te ví
te ví porque Dios quiso,
al ver lo poco que me quieres
me pena de haberte visto. (María Cruz Marteles)


 
La jota de Plenas, es la jota de mi pueblo
 
Yo les voy a regalar
una jotica muy noble
y es la jota de mi Plenas
que alegra los corazones.
 
Entramos pu el Gallupén
y hasta el pairón no paramos,
ya las escuelas se ven
y también los bellos campos.
 
Ya veo también San Roque
y también el Carrascal,
y un poquico más arriba
ya diviso el Bombal.
 
Luego echo vista a un lado
y me encuentro al Navallo,
más arribica Los Cerros
donde hay zafrán pa tol año.
 
Ya luego me voy al Plano
y después para los Luños,
paso por Carraguilón
y luego voy pa Basilio.
 
Con ésto quiero decirles
un poquico de mi pueblo,
pues de la Sardeta y la Hoya
también yo me acuerdo.
 
Tiene muchas escaleras
y la torre de mi pueblo,
más vale la torre de Plenas
como todo el Partido entero.
 
Ya llega el mes de Agosto
llega San Agustín,
ya se ven los banderines
y en mi pueblo relucir.
 
Hoy es día de fiesta
San Agustín llegó,
se va acabando el verano
y en Plenas hoy brilla el sol.
 
Y el primero de Mayo,
el día del Carrascal,
vamos todos muy junticos
a rezar con devoción,
que luego vendrá el ternasco
a deleitar el paladar. (Francisco Gracia)

Los Jaliscos

Hace algunas décadas, acudían a Plenas gentes ambulantes que ofrecían o vendían distintos tipos de productos relacionados con la tradición oral. Les llamaban "comediantes" y entre ellos, se encontraban los que recitaban y vendían romances.
Los Jaliscos –como eran apodada una familia–, vendían romances, aleluyas y canciones de la época. Se cree que esta familia procedía de algún pueblo de la redolada y estaba compuesto por un matrimonio y su hija. Dicen que eran de condición pobre y lo único que tenían, era el dinero o productos alimenticios que obtenían con la venta o truque de "papeles" con letras de canciones y romances.
Para desplazarse de un pueblo a otro se servían de un viejo carro de madera, tirado por el mismo padre, al que llamaban Jalisco. A la madre le decían Jalisca y la hija se llamaba Rosita.
Siempre paraban en la plaza del pueblo y cuando el padre se dirigía a la hija para que comenzase a trabajar, lo hacía de la siguiente manera: ¡Rosita sube al andamio! Y Rosita subía al carro para recitar el cancionero y romancero de moda, que venderían a los oyentes.

Cuando estas gentes aparecían por el pueblo, rápidamente se corría la voz para anunciar la llegada de los comediantes: "Ya han llegao las comedias" –decían–.


En el Villar de los Navarros vivía un ciego que también vendía todo tipo de romances.

Según el censo municipal de 1928, había dos familias de comediantes empadronadas en Plenas.

Hace algunos años hicieron una representación un grupo de comediantes llamados "Los Arturos" que cada cierto tiempo acudía a Plenas y alrededores. Los nietos, padres y abuelos, todos se llamaban Arturo, por elllo el nombre artístico del grupo. Un número que hicieron fue la interpretación de un fakir encima de cristales. Al final de la sesión, como lo hacían sus antepasados, pasaron la bandeja y rifaron entre los asistentes una botella de anís "Castellana".

La vida del caracol

Señores sin ponderar
si me prestan atención,
les voy con gusto a explicar
la vida del caracol.
 
Se cría en la tierra
como las patatas,
no tiene narices
ni orejas, ni patas.
 
De los toros es pariente
no os debéis extrañar,
pues de cuernos en la frente
lleva plantados un par.
 
Con la diferencia
que si tienen roce,
los del caracol
se estiran y encogen.
 
Como los niños se cría
pues por mucho que los lavas,
con agua caliente o fría
siempre están llenos de babas.
 
Y quieren, como ellos
estar en los huertos,
recorrer judías
coles y pimientos.
 
Comen berzas, calabazas,
frutas, pepino y melón,
que si son de mala raza
les produce un gran torzón.

Pero se lo aguantan
Oh, santo calvario,
sin buscar médico
y sin boticario.
 
Lleva toda casa encima
y en cuanto se pone el sol,
se arrincona en su cocina
y duerme como un señor.

Y por más que nota
la tierra muy fría,
no dice siquiera
esta boca es mía.
 
Al llegar la primavera
caracoleros ladinos,
socavan sus madrigueras
con hachuelas y facinos.


Talan los zarzales
tiran las paradas,
y causan más males
que muchas tronadas.
 
Los que buscan caracoles
todo lo suelen pisar,
lechugas, cebollas, coles,
alfalfas y patatar.


Con paso inseguro
lo van todo andando,
tanto si está duro
como si está blando.
 
En buen tiempo y por la tarde
si está la tierra mojada,
nuestro humilde caracol
pasea hasta la alborada.


Por eso lo vemos siempre madrugando
aunque tú madrugues
lo encuentras andando.
 
Si en verano cuando llueve
brillan los rayos del sol,
sale a pasear en breve
el citado caracol.


Como esto lo saben
jóvenes y viejos,
sales a buscarlos
y los hacen presos.
 
Los echan en una cesta
en un cajón o puchero,
donde duermen la gran siesta
hasta su día postrero.


Y si alguno escapa
de aquéllas sus redes,
se pegan y secan
contra las paredes.
 
Si el caracol al mirarlo
no te quita la salud,
bien puedes ir a comprarlo
y medirlo con almud.


Se echan a remojo
y se lavan bien,
se prepara el mojo
y el fuego también.
 
Los echan en la sartén
los caracoles se fríen,
y mientras están chillando
los jugadores se ríen.


Ya ponen la mesa
manteles y platos,
ya cortan el pan
ya mayan los gatos.
 
Unos cogen un punzón
otros agujas saqueras,
palillos o tenedor
y hasta agujas de hacer media.


Mantel, servilleta
moquero o toalla,
se ponen delante
y entran en batalla.
 
Uno las tripas le mira
al sacarlo de su casa,
otro las tripas le tira
y otro entero se lo pasa.


Todo aquel que lleva
remangado el brazo,
le pega a la casca
un gran chupetazo. 
 
Si con caracol meriendas
cuando estés en reunión,
por cada función que tengas
un jarro de peleón.

Porque si no bebes
diez veces siquiera,
tendrás un torzón
peor que el cólera.
 
Aquí se acaba la historia
si en verdad os ha gustado,
la repetiré otro día
porque hoy ya estoy cansado.


Y si no es así
os pido perdón,
porque no he querido
daros el tostón.


Canción con ritmo de mazurca interpretada con bandurria.

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El tocino de Plenas (historia de un tocino que resucitó)

Atención pido señores
que les voy a relatar,
lo que me contó un tocino
después de resucitar.

Es una curiosa historia
triste pero verdadera,
para que nadie se fíe
de la camisa que lleva.

Aun no tenía tres meses
y a la venta me llevaron
y por fortuna caí
en casa de un hortelano.

Al poco de estar allí
oí en la calle un silbato,
entró mi amo y un señor
que me capó en poco rato.

Se m’echaron los dolores
y un fantoche esquilador,
con la tijera en la mano
media oreja me cortó.

La oreja se la comieron
los chicos para almorzar
y a mi m’echaban patatas
menudas y sin pelar.

Cuando llegó el mes de Octubre
mi dueño se preparó,
de bellotas y panizo
pa que m’engordara yo.

Me terminé las bellotas
y el panizo principié,
como eran tan nutritivos
enseguida m’engordé.

Llegamos a Navidad
y en vista de mi gordura,
no hacían mas que tratar
de hacerme la sepultura.

Cierto día por la tarde
ya me vinieron a ver,
pero a mí no me dijeron
lo que me iba a suceder.

A la mañana siguiente
cuando vinieron a abrir,
allí estaba esperando
el cruel del matachín.

En una mano llevaba
un gancho fenomenal,
en la otra estral y cuchillos
y la lorza de pelar.

Al ver tantas herramientas
a temblar me puse yo
y aunque perdón les pedía
para mí como si no.

Me cogieron con el gancho
y m’echaron a un tablero,
me clavaron el cuchillo
y fué mi día postrero.

Allí entregué toda sangre
que yo en mi cuerpo tenía
y en menos de dos minutos
también entregué mi vida.

La sangre la recogía
una mujer mondonguera,
con los brazos remangados
en una enorme cazuela.

Después que la recogió
se la llevó para arriba,
para preparar la pasta
de las bolas y morcillas.

Aquel día fue de gozo
para toda la familia,
estuvieron todo el día
con la sartén prevenida.

Los trozos que de mi hicieron
y que salaron primero,
los pusieron a secar
en el techo del granero.

Pero allá a los quince días
mi joreo no fue en vano,
porque hicieron la conserva
para comer en verano.

Los lomos y las costillas
las longanizas también,
los metieron en tinajas
requies cant in pace amén.

Canción que cantaban los mozos en las bodegas.

El Ramplamplán de Plenas

Narciso Plou, bailando el Ramplamplán en 1988 y acompañado por Luismi Bajén (dulzaina) y Antonio Pereira (tambor), componentes del grupo de música aragonesa Biella Nuei

El Cangrejo

Bailando el Cangrejo, después de una partida de birlas en agosto de 1988

San Antón, Carnaval y el Reinau de Plenas

Las primeras fiestas del año se celebraban para san Antón, el 17 de enero y coincidiendo con los antiguos carnavales. Estas fiestas más antiguas que el propio lugar, fueron para muchos las mejores y más esperadas de todas, a pesar que se celebraban en los meses de invierno, en plenos hielos y con grandes nevadas. “Era la mejor” –comentan– “Ya no habrá fiestas como aquéllas”. Bullicios, bailes, disfraces… Todo ello bien organizado, casi a la perfección y con escasos medios.


Antes de la guerra civil en el pueblo existían varias cofradías, tanto de hombres como de mujeres, pero la que se encargaba de organizar la fiesta de los carnavales era la de san Antón. La cofradía de San Antón organizaba la fiesta y remuneraba a los gaiteros. Durante todos los días de esta fiesta, los gaiteros amenizaban el baile que se realizaba en la casa o sede que para este menester tenía arrendada la cofradía.
La fiesta estaba organizada por todo lo alto: música, grandes comilonas para todos cofrades, bailes…, y no hay que olvidar los roscones. Roscones que cocían en el horno municipal y que repartían entre todos los habitantes.


De lo concerniente a lo religioso, el día de san Antón, se hacía misa “tocada” por los gaiteros. Luego se iba a la procesión llevando al santo en “andas” y en la Iglesia se repartía “pan bendito”.
A los machos –caballerías de carga– “se les daba fiesta” y se llevaban al pairón –peirón– acompañados por el cura. Daban tres vueltas alrededor y rezaban un padrenuestro para que les preservase de todo tipo de enfermedades. Cualquier previsión era válida.


Durante los tres a cuatro días de carnavales siempre se hacía un baile-ritual llamado el reinao. En Plenas dicen "echar el reinau".
En el rainao, reinau o fatuedad –como le llamaban en el vecino pueblo de Moyuela–, participaba todo el pueblo y eran necesarios ciertos personajes que burlescamente representaban a los poderes establecidos de la época y se mofaban con  cierta socarronería del rey y la reina.
En muchos pueblos de Aragón se hacían reinaos, pero diferentes al de Plenas, con diferente letra y música, aunque el significado tuviese ciertas similitudes. En carnaval casi todo estaba permitido y de paso se criticaba la explotación y las injusticias de los  señores del lugar.
“El reinau se echaba en la plaza la Iglesia”. Todos tenían que estar presentes, el pueblo, incluidas las autoridades (alcalde, alguacil, juez…) y sobre todo el representante de la Iglesia, el cura-párroco, también llamado familiarmente mosén. Sacaban a la plaza dos o tres bancos de madera de la Iglesia y los colocaban a ambos lados de la puerta. Era obligatorio que “los poderes citados” asistieran en primera línea a todo lo que allí se iba a representar. Del interior de la Iglesia salían los tres personajes: el ray –rey–, la raina –reina– y el ramplamplanero –cierto bufón–.
La pareja iba ataviada con las "mejores ropas del pueblo" y salían muy despacio del interior del recinto religioso. Iban acompañados por el ramplamplanero . El rey vestía traje de pana, chaleco y una enorme capa negra y lucía un enorme sombrero de ala negro. La reina llevaba grandes saas –sayas– negras de vuelo, chambra, corsé, mantilla y mantón. El ramplamplanero portaba un enorme gorro redondo, del cual colgaban cintas y flores de colores, lo que le hacía destacar considerablemente y con una indumentaria parecida a la del rey. Llevaba en sus manos una larga vara con varios ganchos en un extremo, llamado “furrunchón” y se ataban los pañuelos de las mozas que se habían casado en el último año. El vestuario, se guardaba año tras año para este fin.


“El reinao lo echaba un matrimonio”. Era habitual que el rey y la reina fuesen matrimonio en la vida real y sanantoneros –pertenecientes a la cofradía de san Antón–.
Según comentaban, probablemente este baile en tiempos pasados estuviese compuesto por más matrimonios. Algunas informaciones dicen que el ramplamplanero llevaba de acompañante a su esposa y dos matrimonios más.
Los últimos reinaos que se "echaron" antes de 1936 fueron realizadas por los mismos cofrades de san Antón.
“El tío Baque bailó con un sombrero de tres picos”. También se recuerdan matrimonios que representaron el reinao: la tía Juana y el tío Pablo; la tía Donisia y el tío Luis; la tía Pascuala "Tempero" y el tío Melchor Gracia; la tía Fidela y “Colete” y la tía Navala. La tía Tempero, llamada Pascuala, la apodaron así porque fue hallada recién nacida en el portal de una casa en un día lluvioso, con tempero.
El supuesto matrimonio real salía cogido del brazo a la vez que los gaiteros tocaban el reinao al son de la dulzaina y el tamboril. Al finalizar el estribillo que repetían en varias ocasiones, el rey y la reina juntaban sus cabezas, dándose un pequeño coscorrón –como si de una embestida de cuernos se tratara–, manifestando  burla sy mofas hacia los soberanos de la época, como podemos observar en la letra de la melodía.
Dentro de las diferentes versiones que las gentes de Plenas hacen sobre el recorrido del reinao, dicen que normalmente se dirigían hacia la "higuera de la tía Molinera", pero en otras, lo hacían “hasta el carcabo”. El cárcavo era la antigua bóveda arqueada de donde salían las aguas del molino harinero y que prácticamente estaba cercano a la higuera de la tía Molinera.
La melodía se repetía en muchas ocasiones, siendo acompañados los reyes en comitiva por el recorrido que se hacía hasta el lugar citado. Mientras los reyes bailaban, el ramplamplanero o bufón danzaba alrededor de los mismos y daba grandes saltos.
La fiesta se completaba con otro baile llamado el ramplamplán que lo interpretaba el ramplamplanero. Existen variantes de este baile: rapamplán y repamplan. Para “echar” el ramplamplán era necesario un buen danzante, que derrochase agilidad y destreza "que tuviese mucho brío". Recuerdan al tío Baque como uno de los buenos bailadores.
En el centro de la plaza el danzante bailaba al son de la gaita y el tambor llevando en la mano un florido gorro. Los gaiteros tocaban la tonada del baile tres veces; entonces el ramplamplanero lanzaba el gorro por los aires a gran altura y lo recogía con las manos sin que tocase el suelo. En cada ocasión que era bien recogido, la gente gritaba al unísono ¡Bién! Y comenzaba de nuevo para hacerlo tantas veces como fuese necesario.
Finalizados los dos bailes, los gaiteros tocaban jotas que servían de alegría y regocijo de todo los asistentes.
Era tal el arraigo que las gentes de Plenas tenían por el reinao, que la adversa meteorología no impedía su representación. “Aunque estuviese la plaza con medio metro de nieve, había que echarlo”. “Todo el mundo iba con palas pa quitarla y luego se echaba”.


Mª Elisa Sánchez Sanz, comenta del carnaval en la revista Kalathos-1:

“Pero sin duda, la forma más curiosa de celebrar el Carnaval en la Provincia ha sido lo que se conocía con el nombre de señoríos o reinados; muy generalizados en la zona de Plenas, Estercuel y Barrachina y que consistía en la elección de autoridades lúdicas, para diversiones y juegos. Entre los mozos y mozas de las cofradías se nombraban cargos de Rey, Reina, Duque, Duquesa, Conde, Condesa, Mayordomo y Mayordoma (Sacalastodas y Sacalostodos) para los días de Carnestolendas y entraban a la Iglesia con coronas de papel en el sombrero o con plumajes o con disfraces. Se prohibieron hacia 1733. El recuerdo que todavía quedó entre las gentes es el de un baile al que asistía el cura párroco, el alcalde, el alguacil… Cada autoridad representaba a la más alta jurisdicción; el Párroco era la figura del Papa, el Alcalde del Emperador. Inicia el baile el Párroco con la Alcaldesa, el Alcalde con la esposa del Juez, etc., hasta que entraban todas las parejas”.

La tesina de Mª Elisa Sánchez Sanz, cita “las prohibiciones hechas por el obispo Pérez Prado sobe los bailes referidos a Carnaval y otras fiestas; y se refieren a unas órdenes dadas anteriormente a 1724 y no cumplidas por algunos curas”.
Eulogio Soriano Lázaro, de Mezquita de Loscos (Teruel), dice en Heraldo de Aragón el 14-11-81:


“En la época de Felipe V habría ciertos recelos antimonárquicos, ya que, según Rafael Esteban Abad, en 1707 Plenas se quedó sin la asignación monetaria que tenía el alcaide de su castillo”.


No se sabe a ciencia cierta la primera vez que se representó el reinao de Plenas, pero transcribimos el significado de la palabra “chapeo”, que hace Covarrubias en 1611 (pág. 432), y que cita la letra de un antiguo cantar español:


“Quasi capeo a capite, vale sombrero. Es nombre francés, chapeu, un bonnet a couvrir la teste, pileus vel pileum. Chapirón, chaperón, capa con aguadera que se echa cierto modo de capilla sobre la cabeça, para quando llueve. Hay un cantarcillo bailadero antiguo, que dice:

Chapirón de la Reyna
chapirón del Rey,
moças de Toledo.
Ya se parte el Rey,
quedaréis preñadas,
no sabréis de quién.
chapirón, etc.

Y de allí se dixo chapirote, o capirote, vide supra capirote”. (Tesoro de la lengua castellana o española" de Sebastián de Covarrubias, Madrid, 1611)


Metidos en san Antón y el carnaval, citaremos un peculiar personaje que sembraba el pánico entre los más pequeños llamado el jiboso. El jiboso, estrafalario y maltrecho, llevaba una vestimenta compuesta por una horrenda máscara y un saco de arpillera lleno de paja alrededor del cuerpo. Alrededor de la cintura portaba atados 20 ó 30 trucos o campanos produciendo un estruendoso sonido cuando "encorría" a los chicos y chicas. Este personaje "corría que se las pelaba" por el pueblo, intentando asustar a todo vecino que le salía al paso.


Las mozas en carnaval, deberían de tener ciertos cuidados cuando salían de sus casas, ya que los mozos provistos con sacos de harina, pringaban de blanco las caras y cabellos de las damas, por lo que se cubrían la cabeza con un pañuelo.
Como agravio de los mozos a las mozas, durante las frías noches de esta época del año, acostumbraban salir a rondarlas, y en algunas ocasiones, hasta con carros tirados por toros.


Con el chapirón, chapirón, chapirón de la reina, la reina.
Con el chapirón, chapirón, chapirón del rey.
¡Bién!
La reina está preñada, preñada
y el rey no sabe de quién.
¡Bién!
Unos dicen que es de toro, de toro
y otros dicen que es de buey.
¡Bién!
¡Vamos! –pregunta uno–.
¡Hasta dónde! –contestan todos–.
¡Hasta la higuera de la tía molinera!

El cantautor castellano Joaquín Díaz, lo interpreta en una melodía llamada "Chapirón de la Reina":

Chapirón de la Reina,
chapirón del rey.
Mozas de Toledo,
ya se parte el Rey,
quedaréis preñadas,
no sabréis de quién.
Mozas de ciudade
guardaros de él,
que aún ni en moneda
podréisle tener.
En tanto que entre,
poneros en pie,
mas otros primores
no habréis de poner.

 

Venancio Bailo (rey), Felicitas ¿? (reina), Narciso Plou (ramplamplanero) y Luismi Bajén (dulzaina) y Antonio Pereira (tambor), componentes del grupo de música popular aragonesa Biella Nuei, en agosto de 1988

Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (y3)

Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (y3)
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Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (2)

Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (2)

Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (1)

Los gaiteros de Plenas en las fiestas de la Magdalena de Zaragoza (1)

Benito Luño (dulzaina) y su hermano Marcelino (caja) fueron los últimos gaiteros que hubo en Plenas. Los recortes de periódico dan fe de su actuación en el barrio de La Magdalena de Zaragoza. Fuente: La Voz de Aragón, 14 y 15 de agosto de 1929

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