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La vida del caracol

Señores sin ponderar
si me prestan atención,
les voy con gusto a explicar
la vida del caracol.
 
Se cría en la tierra
como las patatas,
no tiene narices
ni orejas, ni patas.
 
De los toros es pariente
no os debéis extrañar,
pues de cuernos en la frente
lleva plantados un par.
 
Con la diferencia
que si tienen roce,
los del caracol
se estiran y encogen.
 
Como los niños se cría
pues por mucho que los lavas,
con agua caliente o fría
siempre están llenos de babas.
 
Y quieren, como ellos
estar en los huertos,
recorrer judías
coles y pimientos.
 
Comen berzas, calabazas,
frutas, pepino y melón,
que si son de mala raza
les produce un gran torzón.

Pero se lo aguantan
Oh, santo calvario,
sin buscar médico
y sin boticario.
 
Lleva toda casa encima
y en cuanto se pone el sol,
se arrincona en su cocina
y duerme como un señor.

Y por más que nota
la tierra muy fría,
no dice siquiera
esta boca es mía.
 
Al llegar la primavera
caracoleros ladinos,
socavan sus madrigueras
con hachuelas y facinos.


Talan los zarzales
tiran las paradas,
y causan más males
que muchas tronadas.
 
Los que buscan caracoles
todo lo suelen pisar,
lechugas, cebollas, coles,
alfalfas y patatar.


Con paso inseguro
lo van todo andando,
tanto si está duro
como si está blando.
 
En buen tiempo y por la tarde
si está la tierra mojada,
nuestro humilde caracol
pasea hasta la alborada.


Por eso lo vemos siempre madrugando
aunque tú madrugues
lo encuentras andando.
 
Si en verano cuando llueve
brillan los rayos del sol,
sale a pasear en breve
el citado caracol.


Como esto lo saben
jóvenes y viejos,
sales a buscarlos
y los hacen presos.
 
Los echan en una cesta
en un cajón o puchero,
donde duermen la gran siesta
hasta su día postrero.


Y si alguno escapa
de aquéllas sus redes,
se pegan y secan
contra las paredes.
 
Si el caracol al mirarlo
no te quita la salud,
bien puedes ir a comprarlo
y medirlo con almud.


Se echan a remojo
y se lavan bien,
se prepara el mojo
y el fuego también.
 
Los echan en la sartén
los caracoles se fríen,
y mientras están chillando
los jugadores se ríen.


Ya ponen la mesa
manteles y platos,
ya cortan el pan
ya mayan los gatos.
 
Unos cogen un punzón
otros agujas saqueras,
palillos o tenedor
y hasta agujas de hacer media.


Mantel, servilleta
moquero o toalla,
se ponen delante
y entran en batalla.
 
Uno las tripas le mira
al sacarlo de su casa,
otro las tripas le tira
y otro entero se lo pasa.


Todo aquel que lleva
remangado el brazo,
le pega a la casca
un gran chupetazo. 
 
Si con caracol meriendas
cuando estés en reunión,
por cada función que tengas
un jarro de peleón.

Porque si no bebes
diez veces siquiera,
tendrás un torzón
peor que el cólera.
 
Aquí se acaba la historia
si en verdad os ha gustado,
la repetiré otro día
porque hoy ya estoy cansado.


Y si no es así
os pido perdón,
porque no he querido
daros el tostón.


Canción con ritmo de mazurca interpretada con bandurria.

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