El baile de la tía Isidra…
En Plenas como en otros muchos lugares y siempre que el tiempo lo permitiera, era costumbre organizar grandes bailes. Los domingos y “fiestas de guardar”, eran esperados por los mozos y mozas, con el fin de asistir al baile y encontrar novia o novio.
Bastante complicado era mantener relaciones y mucho menos, prematrimoniales. Sus viejas costumbres relacionadas con el noviazgo estaban marcadas de espiritualismo y de prejuicios decorosos, ambos difíciles de modificar, sobre todo en la vida rural de aquéllos años y una vez finalizada la guerra civil.
Muy pocos disponían de aparatos radio, ni picús –tocadiscos–, a la sazón, se las tenían que componer con mozos que tocasen algún instrumento musical, por difícil o raro que fuese. Muchos de ellos heredaron la formación musical de sus padres y abuelos, así animarían los bailes, de esta manera, se garantizaba que no faltaría la música. Siempre tocaron “de oído”, sin partituras ni pentagramas, solamente guiados por una enorme afición que les hacía ser apreciados por los demás. Algunos, los más relevantes, fueron oídos fuera de estos recónditos lugares, llegando incluso, a ser reconocidos como excelentes músicos.
Los músicos eran contratados por la “tía Isidra”, que era la dueña del local que se había habilitado para este fin. El local del baile, situado en los bajos del café, era un salón de forma cuadrangular con una enorme columna en el centro que sostenía el piso del establecimiento. Se accedía desde la calle por una pequeña puerta y escalera construida con argamasa de yeso en basto. Bajando la escalinata, a la derecha, se hallaban tres bancos de madera adosados a las paredes, en los cuales se sentaban las mozas esperando ser “sacadas a bailar”. En la pared situada enfrente de la escalera, había dos ventanas de madera, lindantes a la acequia molinar, justo en la entrada de la balsa del molino harinero. A la derecha de la escalera, había una puerta con un pequeño cuarto que daba salida a la acequia molinar, en la misma pared que las ventanas del salón. En este apartado, la tía Isidra tenía una pequeña tienda, donde vendía golosinas o frutos secos. En ésta misma pared, en el rincón, se encontraba una pequeña estancia hendida en la pared y a un metro de altura del suelo. En él se sentaban los tres o cuatro músicos que normalmente acudían a tocar. Sobresalía de la pared una tabla que servía de descanso para las piernas.
Para acceder a la tabla, existía una hendidura en la pared que a modo de huella colocaba el pié el músico, a la vez que se impulsaba agarrando un gancho de hierro, situado a más altura.
El baile comenzaba a las tres o tres y media de la tarde y a él acudían mozos y mozas con la más precisa puntualidad, dado que la noche se echaba sobre las seis de la tarde y se carecía de luz artificial.
En la puerta del baile –en la calle–, quedaba toda la chiquillería del pueblo. De vez en cuando y aprovechando que las mozas y mozos bailaban, entraban en el local correteando, hasta que su presencia era detectada y eran expulsados a gran velocidad. Luego irían con chismes a sus casas, contando que si fulana bailaba con fulano e inventando en sus corros fantásticas historias de amor.
De vez en cuando los músicos bajaban del escenario para echarse algún que otro bailoteo con sus correspondientes novias. En el transcurso del baile también se encargaban de cobrar la entrada a los mozos, ya que las mozas no pagaban.
Antes de la guerra civil, el costo de la entrada era de un rial –real– (25 céntimos) y pasada la contienda lo subieron a dos pesetas. Del dinero que recudaban se hacían tres partes: una era para la dueña del local y el resto, se lo repartían entre los músicos. Contaba un músico, que antes de la guerra, se llegaban a repartir tres o cuatro pesetas para cada uno, una vez descontada la parte del local.
Entonces no había electricidad alguna (no había luz) y cuando anochecía, el lucero –persona encargada de activar la luz–, iba encendiendo con su larga pértiga las farolas emplazadas por algunas esquinas del pueblo. Los chavales que se encontraban en la puerta del baile gritaban: ¡la luz!, ¡la luz! Palabras mágicas que al ser oídas por las mozas, ellas las volverían a repetir en el interior del baile, dando por finalizado el mismo. Rápidamente desaparecían del local mozos y mozas, aún sin acabar la pieza que se estaba interpretando. Si en el momento de dar la luz no acudían ligeras a sus casas, las consecuencias podrían acarrear alguna que otra bronca.
En el baile se tocaban: chotis, mazurcas. pasodobles, polcas, valses, zambras gitanas… lo curioso es, que según cuentan, nunca jotas. Las jotas se bailaban sueltos y eso no les compensaba.
Recuerdan algunas melodías de hace 60 ó 70 años: María de la O, ¡Qué guapa estás María!, Él vino en un barco, La Parrala, Ojos negros, Francisco Alegre, Mañana por la mañana te espero Juana…, Sólamente una vez, Cachito, cachito, cachito mío, Siboney, Amapola, Bajo el cielo de la luz crepuscular, Y tú y tú y solamente tú, Cabaretera, Recuerdo aquélla vez que yo..., Qué bonito es Barcelona, Madrid, Madrid, Madrid, entre otras.
Cuando hacían el relevo o cambio de pareja los músicos tocaban un sonoro timbre. Cuando sonaba, todo el mundo debería cambiar de moza.
Aparte de domingos y festivos, los mozos y mozas aprovechaban cualquier acontecimiento para celebrar bailes. En época de zafranes –recogida del azafrán– venían muchas jornaleras de fuera para realizar los trabajos de recolección y esbrinado del azafrán. Todos los días se hacía baile en el mismo local.
Cuando llegaban las cuadrillas de esquiladores de ovejas (que por norma procedían de Alcalá de la Selva -Teruel-), se aprovechaba para hacer bailes, pero en esta ocasión se celebraba en plena calle, “junto al último tajo de los rapadores”. A veces, ellos mismos sacaban sus propios instrumentos musicales (guitarras, laúdes…) que habían transportado desde sus lugares de origen y organizaban la fiesta; si no llevaban ninguno los “pedían entre los vecinos del pueblo”.
En una ocasión, finalizada la guerra civil contrataron a una compañía ambulante que interpretaba canciones de ópera y zarzuela. El concierto se celebró en el baile del “tío Serapio” (anteriormente de Isidra) y relatan, que acudió mucha gente. Cuando llegaron a Plenas pensaron quedarse poco tiempo, pero al comprobar que gustaban las canciones que interpretaban y sobre todo, la hospitalidad de sus gentes, alargaron su estancia durante algunos días más.
Por los años 60 el baile se celebraba en los bajos de la casa de David “el Leches”, pero sirviéndose de un tocadiscos. El baile de David y la Gloria (su esposa) se encontraba cerca del local de la “tía Isidra” y se accedía por una puerta lindante a la acequia molinar.
© Ignacio Navarro
Mirando al futuro desde nuestro pasado

Las tres últimas décadas han supuesto una gran transformación de Plenas. En cuanto a su apariencia externa podemos hablar de que los cambios experimentados en este periodo han sido espectaculares: llegó el agua corriente, el alcantarillado y el alumbrado público en condiciones; la pavimentación del casco urbano y alrededores es casi total desde hace años; se ha restaurado y rehabilitado el patrimonio de todos (Ayuntamiento, horno, la iglesia con la torre, la ermita del Carrascal…) y han llegado los equipamientos e infraestructuras deportivas (frontón cubierto y piscinas municipales). También se han rehabilitado y construido algunas casas y edificios de uso agrícola o recreativo. En fin, que el cambio que ha dado el aspecto físico del pueblo es asombroso.
Por otro lado, han avanzado y mejorado mucho la forma y los medios de trabajar, puesto que la mecanización y la desaparición de algunas labores muy penosas han hecho que la agricultura de hoy sea muy diferente de la tradicional.
Sin duda, todo ello ha contribuido a mejorar la calidad de vida de los vecinos de Plenas y de aquellas personas que pasan allí algún tiempo pero, a la vez, está originando que se vayan perdiendo algunas costumbres y tradiciones que nos hacían diferentes de los demás, que nos singularizaban como pueblo.
Los que vivimos la infancia en Plenas recordamos a montones de niños jugando y correteando por la calle; corros de mujeres con sus sillas haciendo algún trabajo de temporada (“esgallufar”, “escoscar”, “esbrinar”, “esmotar lana”…) o simplemente cosiendo la ropa en la calle; los animales domésticos atravesando las calles de tierra para ir al abrevadero a beber agua…, y un sinfín de detalles parecidos. Tuvimos una manera de vivir totalmente diferente a la actual. Los niños de nuestros pueblos se están perdiendo una gran cantidad de pequeñas cosas que nosotros vivimos y ellos no.
Hemos pasado de unas formas de vida muy tradicionales, con elementos peculiares en cada uno de nuestros pueblos, a que la vida cotidiana vaya pareciéndose cada vez más a la de las ciudades. Parece como si el avance en unos aspectos hiciera necesario que perdamos parte de nuestra historia y de nuestra manera de ser y de vivir.
Podemos recordar algunas maneras de llenar el tiempo libre en nuestra niñez. Todo era sencillo y entretenido, nos hacía diferentes de otros y contribuía a mejorar nuestra vida cotidiana:
– Jugábamos a “Ministros y ladrones” por las cuevas del Hoyo: hacíamos dos bandos, los miembros del uno se escondían y los del otro debían encontrarlos.
– Para jugar al vaso se lanzaba una lata con unas piedras dentro y mientras el que la pagaba iba a recogerlo los demás se escondían. Un sitio ideal era donde empieza la calle del Hoyo.
– También pasábamos muchos ratos haciendo casetas y casetos por la huerta, por la orilla del río…
– Algunos domingos las chicas “hacían comedias”: preparaban una función teatral en la que cantaban, bailaban, hacían sorteos, etcétera. Previamente había que ensayar y preparar el recinto (en un corral, cochera o casa vieja), con el telón correspondiente.
– Era costumbre que cuando alguien conseguía matar una zorra, los niños la llevaran por el pueblo a “pedir limosna para la zorra”. Recibían algunos regalos o propinas por haber eliminado ese enemigo.
– El día de Año Nuevo los pequeños de la casa recorrían las casas de los tíos y algunos vecinos a “pedir Cabodaño”.
– En primavera había que coger violas, esas preciosas y minúsculas florecillas lilas de penetrante olor.
– El Viernes Santo los chicos íbamos a tocar con la carracla o la matraca antes de los oficios religiosos, dando tres vueltas al pueblo (una por toque) .
– El Sábado Santo había que enramar, es decir, preparar y colocar los ramos llenos de chucherías (naranjas, galletas, regalices, palotes…) en las ventanas de las chicas. El esfuerzo era recompensado al día siguiente cuando la pandilla de chicos íbamos por las casas donde habíamos puesto ramo a recoger la propina y la rosca, que era una torta con huevos duros y longaniza. Por la tarde se organizaba una merienda . Cada cuadrilla buscaba un lugar y había mucha fiesta, ya que enramaban desde los más niños hasta los mozos mayores.
– El corococo: era un panecillo redondo que se hacía especialmente en el horno para San Juan y para San Pedro, y que se acompañaba casi siempre de longaniza del adobo. La costumbre era ir a comer el corococo al campo, generalmente en la arboleda, y pasar la tarde jugando por allí.
– Las fiestas de la Virgen del Carrascal y de San Agustín eran también diferentes, con mucha diversión, pocos gastos y se preparaban y recordaban durante todo el año.
– Teníamos un montón de juegos, canciones, retahílas… que se están olvidando: las birlas, las tabas, el zorrocotroco, pizco lomizco, marro, etcétera. El repulero, los canutos y los alondros, los silbatos de punta de caña tierna para sacar arañas, los pitones, las tapas de cajas de cerillas, los cachuletes, el redonche, los barcos y toldos de juncos…
Vivir estas y otras cosas sencillas contribuyó a que nuestra infancia fuera una época en la que la relación con los amigos era fundamental, y eso es un valor importante.
¿Seremos capaces de transmitir a los niños y jóvenes la ilusión por disfrutar y mantener alguna de esas costumbres que han marcado nuestra idiosincrasia? Quizá fuera bueno y necesario hacerlo como garantía de futuro, pues todo ello conforma la cultura popular de Plenas. Para que un pueblo siga vivo, además de las obras, es necesario mantener la memoria y el espíritu de sus gentes. Todavía estamos a tiempo.
Pie de foto: Las puntas de las cañas servían para sacar a las arañas de sus agujeros. Se llamaban “engañarañas”.
(Revista Al Sur del Ebro Nº 2. Autor: Servando del Río Bonafonte. Comarca Campo de Belchite, Zaragoza, 2006)
Los aeródromos de la Comarca en la Guerra Civil

En nuestras localidades quedan muchos restos de la Guerra Civil de 1936, entre los cuales uno de los más curiosos es el aeródromo de Plenas.
Cuando se declara la guerra, en la Comarca sólo existía el aeródromo de Belchite, construido a finales de los años 20 del siglo XX, a cuatro kilómetros de la población y junto a la carretera de Escatrón. Era un aeródromo militar eventual o de socorro, con pista de tierra de 500 por 400 metros y en el centro del campo había una T como marca para el aterrizaje de día, pues de noche no tenía señal alguna. Había una caseta de albergue junto a la carretera. Se utilizó en pocas ocasiones. En diciembre de 1934 aterrizaron 12 aparatos al mando del jefe de expedición G.M. Cox para aprovisionarse de combustible.
Durante la guerra, al estabilizarse los frentes, se pensó crear infraestructuras de apoyo para la aviación, pues empezaba a intuirse la gran importancia que iba a tener en las batallas y con ese fin se construyen los aeródromos de Plenas y Lécera. Eran simples pistas de tierra formadas a partir de campos de cultivo en zonas muy llanas, eliminando los ribazos existentes. Junto a la pista se edifican barracones para tropas y casetas de mando. Finalizada la Guerra Civil las pistas se volvieron a convertir en campos de cultivo y las construcciones se usaron de parideras.
El aeródromo de Plenas está situado en la partida del Plano y se le conoce actualmente como “las casas rusas”. Fue construido a partir de 1937 con el trabajo de hombres, mujeres, niños y ancianos del pueblo, organizados en cuadrillas que subían a limpiar y preparar las pistas de aterrizaje, al mando de un miembro del Comité local de la Colectividad. Se construyó una carretera desde el pueblo al aeródromo y un puente sobre el río Santa María para el acceso de los camiones. También se levantaron una serie de edificaciones auxiliares, algunas de las cuales todavía quedan en pie, como una caseta de vigilancia al borde del Plano, desde la que se domina todo el valle del río y la localidad, con cuevas cercanas utilizadas para refugio antiaéreo y control del camino de acceso.
Junto a las pistas está la caseta de mando, que se conserva algo regular, y a unos cuantos metros se encuentra lo que fue el cuartel de la tropa, medio escondido en un talud del terreno, con refugios antiaéreos que aprovecharon las cuevas de antiguas parideras, y otras instalaciones como lavaderos, depósitos de agua, etcétera.
Durante toda la guerra sólo hubo un aterrizaje y sucedió poco antes de la caída de la localidad en poder de las tropas franquistas: una avión nacional hizo un aterrizaje forzoso por falta de combustible y el piloto fue inmediatamente detenido y llevado a Moyuela, donde se le encarceló. Poco después las tropas nacionales tomaban la comarca y el piloto era liberado.
En las cercanías hay un grupo de manantiales que configuran un curioso paraje conocido como Las Balsas, que parece un oasis, y que actualmente está algo abandonado pero cuidado y arreglado podría ser un encantador vergel.
El otro aeródromo de la Comarca es el de Lécera, situado en la partida de Escudete. La pista estaba en Lécera y las dos casetas de mando en término municipal de Híjar (Teruel). Actualmente sólo queda una de las construcciones. Este aeródromo fue poco utilizado durante la guerra. El famoso piloto “Pintamantas”, de Fuendetodos, aterrizaba en la carretera de Letux cuando venía a Lécera a cargar munición.
La Comarca de Belchite cuenta con numerosos restos, lugares e hitos de singular interés de la época de la guerra civil que podrían ser puestos en valor y formar con ellos alguna ruta turística y cultural de gran interés (quedan lugares como el pueblo viejo de Belchite, trincheras, fortines, refugios, aeródromos, la arquitectura de regiones devastadas, etcétera).
En otros lugares se cuidan estos vestigios de nuestra historia y los dan a conocer en proyectos culturales y turísticos, recibiendo numerosos visitantes, como sucede en Gandesa, donde hay un Centro de Estudios de la Batalla del Ebro, con interesante museo y rutas señaladas para visitar, y subsedes en otras localidades cercanas como Vilalba dels Arcs, donde curiosamente hay abundante información sobre nuestra vecina localidad de Codo, pues allí tiene el museo y la sede el “Tercio Virgen de Montserrat” cuyos miembros defendieron la localidad de Codo durante la Guerra Civil. Recientemente (diciembre de 2005) se ha creado el programa “Amarga memoria” en torno a los restos de trincheras de la Guerra Civil existentes cerca de Alcubierre.
Pie de foto: Barracón con cueva-refugio antiaéreo para la tropa del aeródromo de Plenas.
(Revista Al Sur del Ebro Nº 1. Autor: Ángel S. Tomas del Río, Comarca Campo de Belchite, Zaragoza, 2006)
Manuela Sancho Bonafonte, folleto
Folleto de 24 páginas, de Manuela Sancho Bonafonte, editado por el Ayuntamiento de Plenas en el año 2005. Se puede ver y descargar haciendo clic en esta dirección:
Instrumentos musicales de Plenas
En Plenas, a pesar de ser un núcleo muy pequeño, hubo desde antaño gran afición musical, tal como podemos comprobar a continuación. Muchas plantas y utensilios servían para construir cualquiera de los instrumentos musicales que utilizaban chicos y mayores. Comenzaremos haciendo un pequeño inventario de algunos de ellos y los sistemas que utilizaban para construirlos.
Almidez, almirez
El mortero aparte de su utilización en la cocina para picar alimentos nunca faltaba en muchas manifestación festivas del pueblo. Lo utilizaban golpeando su interior y también en el exterior.
Bailarinas
Del cardo cachurrero o cardencho seco, se hacían una especie de carraclas –carracas– llamadas también “bailarinas”. Se corta la horquilla cuatro o cinco dedos por debajo de la unión de los tres palos, y con una piedra llana se quitan con cuidado todos los pinchos. De las tres ranas, la del centro, se corta tres centímetros por debajo de las de los lados. Habrá que cortar un palito de la misma planta un poco más largo que la anchura de los palos de los lados. En el centro del palito se introduce una madera o clavo y se introduce en el canuto de la rama central. Se frota con las dos manos y suena como una carracla –carraca–, que a la vez parece que danza una bailarina de ballet.
Botellas
Las botellas de anís vacías, raspadas con una cuchara metálica servían de acompañamiento en las jotas o canciones de bodega. Demetrio Bonafonte y Manolo Martínez de Plenas, algunas veces ha tocado con varias botellas iguales llenas con diferente cantidad de agua, en cada una de ellas.
Campanillas, cascabeles
Algunos labradores engalanaban a sus caballerías con campanillas y cascabeles atados a la cabezada –correa de la cabeza–. A los perros y gatos también les ataban cascabeles, incluso a los chotos –cabritos–.
Caramillo, zampoñas
Estos instrumentos los construían con varias cañas de diferentes longitudes y todas atadas. No es otra cosa que las antiguas flautas de pan.
Todavía acude al pueblo algún afilador de procedencia gallega, tocando el pifano –así es como le llaman los afiladores al chiflo o flautín con siete canutillos metálicos– para avisar de su presencia en las calles. También suelen llevar una hoja de acero que cuando la doblan emite sonidos parecidos a los silbidos. Cuentan que tenía cierto parecido a las hojas de las dallas –guadañas–.
Carraclas
Para Semana Santa tocaban carraclas –carracas– y matracas, que construía el tío Santiago “el Carpintero”. Hablan del tío Celipón –Felipón– que tenía una enorme carracla que se tocaba con las dos manos. Pero más enorme era el “torno de Cerilo” –Cirilo– Gracia Bonafonte, fabricado con madera de nogal y tenía dos lengüetas.
Cucharas
Las cucharas de madera o metálicas eran adquiridas a carreteros o vendedores que pasaban por el pueblo. Las de madera según cuentan, eran de color blanquecino, por lo probablemente estaban fabricadas con madera de boj, duro arbusto que se localiza en las cercanas sierras de Teruel.
Cuernos
Los cuernos de cabra eran utilizados en la antigüedad. El sonido que emiten suele avisar al orden o llamada. Recuerdan que en El Villar de los Navarros, cuando “iban a la dula” –se le llamaba dula cuando un pastor cuidaba los rebaños de varios vecinos reunidos en uno solo–. El pastor tocaba la cuerna o cuerno y se reunían los animales del pueblo. Alguno recuerda haber visto alguna caracola con un agujero para soplar.
Curdión, acordeón
Tanto el acordeón diatónico como la cromática, nunca las construyeron.
Donzaina, dulzaina, gaita
De la donzaina o gaita –dulzaina–, como dicen por estos lugares merece la pena insertar una descripción de la dulzaina hecha por Mario Gros, de Gaitería Tremol de Zaragoza, el cual hace una descripción clara y concisa de dicho instrumento.
“Se trata de un instrumento musical aerófono de lengüeta doble. El cuerpo principal del instrumento lo compone una pieza de madera, de interior cónico creciente y entre 30 y 35 centímetros de longitud. Torneados en maderas de azarollo, cerezo, jinjolero o ébano los modelos más lujosos, o perforados a fuego y tallados a navaja en capota de pino o sauquera los instrumentos de pastores y aficionados, el exterior también tiene forma troncocónica con final en forma de pabellón y finas paredes. Tanto en el extremo inferior (campana) como en el superior (garganta) pueden ajustarse virolas metálicas (latón, plata, alpaca...) como refuerzo y embellecimiento. Otros modelos, con más espesor de madera en sus paredes, presentan decoraciones torneadas e incisas. Casi todos cuentan con siete agujeros anteriores y uno posterior para la digitación. Existen otras dos perforaciones en la zona del pabellón, llamadas oídos o vientos, con función acústica, que no se tapan con los dedos. En la parte superior del cuerpo se inserta una pieza metálica en forma de cono (tudel) y, sobre esta, la lengüeta, caña, pita, pipa o incha generadora de la vibración que el tubo de madera se encargará de modular y amplificar. Las pitas, verdadero corazón sonoro de la gaita, se construyen con caña de ribera (arundo donax), material muy abundante y del que el valle del Ebro es un importante proveedor para lengüetas de saxofón y clarinete. Los instrumentos se adquirían en ferias y comercios, o eran fabricados por los propios gaiteros, como los afamados hermanos Aspas de Tramacastilla. Tampoco era infrecuente que pasaran de un gaitero a otro durante generaciones, aunque en otros casos el instrumento acompañara al músico a la sepultura. Los pastores solían construir instrumentos de aspecto más rústico pero, en ocasiones, con excelente calidad sonora”.
Desde tiempo inmemorial la dulzaina fue el instrumento rey de las fiestas de los pueblos y ciudades. Los pastores asumidos en la soledad de su oficio, tuvieron que ingeniárselas para pasar el tiempo lo más agradable posible, para ello, algunos, recurrieron a construirse sus propios instrumentos y a la música llamada “de oído”. Esta música fue utilizada en celebraciones y fiestas y era necesario utilizar un instrumento que los asistentes oyesen con cierta claridad y potencia, con el fin de llevar los compases del baile como es debido.
Para construir una dulzaina habría que conseguir una madera dócil, a ser posible blanda y que a la vez, sonase con energía. En algunos pueblos de la Sierra de Cucalón las construían con madera de sauquera –sauco– y pino. También las ha habido de hueso de ala de buitre. En Plenas, fueron de madera de perera –peral– y de carrasca –encina–, aunque ésta sea muy dura.
Sin medios mecánicos la construcción la podemos considerar muy laboriosa. Partiendo de un taco de madera, se debería de vaciar el interior, operación que se realizaba a base de hierros rusientes –candentes–. Una vez vaciado el interior tubo, había que afinar o lijar la madera, para ello, se servían de diferentes utensilios cortantes y dejar el mismo grosor por todo su diámetro. Las maderas “que tienen corazón” –interior de la rama blando– como la sauquera –saúco–, son menos complicadas de taladrar, ya que con un alambre más o menos rígido se puede vaciar el interior del trozo de madera.
Después del afinado interior y exterior, se hacían los agujeros con clavos rusientes que harían las notas musicales. Para conseguir la escala musical y conseguir la máxima perfección auditiva, habría que realizar infinidad de pruebas ensanchando los agujeros que fuese necesario.
Pero antes de llegar a esta operación, se tenía que tener preparada la pita, también llamada “caña”. Si compleja es la construcción del tubo, no es menos la de la pita. De dos trocitos de caña, formarían la pita, pero eso sí, con mucha paciencia y sabiduría.
Construida la gaita y la caña, era necesaria una pieza metálica de forma cónica llamada tudel, que se monta entre la madera y la pita de caña. Algunos pastores como Benito Pérez de Fonfría, tallaron su dulzaina con arte y esmero. La dulzaina de Benito se encuentra expuesta en el “Museu de la Música de Barcelona”. Benito se fue a vivir a la Ciudad Condal y acostumbraba a tomar café en un establecimiento cercano al citado museo. Poco a poco, fue consolidando cierta amistad con el camarero y le contó su procedencia y las aficiones que había disfrutado en su vida. Benito desconocía que en el mismo lugar donde acudía diariamente, también lo hacía el director del museo y que el camarero le había informado de su existencia. Así fue, y el responsable del museo se puso en contacto con Benito:
– Oiga, me he enterado que Vd. ha sido músico –le dijo el director–
– Bueno, yo he sido gaitero.
– ¿Tiene algún instrumento de cuando tocada?
– Pues sí, tengo mi última dulzaina.
– ¿Me la podría traer para verla?
– Está hecho.
Al día siguiente Benito apareció en el mismo lugar con su instrumento guardado en una artesana funda de cuero.
– Qué tal Benito, ¿se ha acordado? –preguntó el director–.
– Mire mi gaita –le dijo Benito–.
El director del Museu quedó asombrado ante la dulzaina de Benito. La gaita estaba construida y labrada a mano, formando numerosos rombos por todo su exterior.
–Benito, le rogaría que cediese su dulzaina al museo que yo dirijo, para dejarla expuesta al público.
Benito accedió gustosamente a la petición, y desde aquél día se encuentra en el museo, con una inscripción que dice: Dulzaina de Benito Pérez de Fonfría (Teruel).
Engañarañas
Con las hojas más altas de las cañas hacen una especie de flautas llamadas engañarañas. Se arranca la hoja más delgada y se sopla pos su base. La caña tiene que estar verde sin que se seque lo más mínimo. Los chicos utilizaban este instrumento para atontar a las arañas de las paredes.
Esquilos, esquilicos, trucos
Son campanas de metal y en su interior se ata un pieza más o menos cilíndrica de madera o hueso llamado botajo –badajo–. El esquilo llamado también cencerro o truco se ata al cuello de los animales y debido al movimiento emite un sonido cuado golpea el badajo al metal. Son colocados al ganado cuando el animal va a parir, estar cojo o enfermo y no podía seguir al resto, o para advertir su presencia y sobre todo, para ser localizados en caso de pérdida. También se utilizaban para dar más animación a los carnavales, cencerradas y en cualquier tipo de manifestación festiva. Algún músico aficionado de Plenas ha hecho música con varios esquilos y trucos de distintos tamaños, formando la escala musical. Dicen de un vecino de Blesa, que todos esquilos que tenía o le encargaban los dejaba con el mismo sonido.
Gaitas
Con las hojas de calabacera se hacían las llamadas gaitas o trompas, utilizadas por chicos y chicas. Se corta la hoja con su mango. Con una peña lisa –piedra llana– se limpian los pinchos del mango de la hoja y se corta desestimando ésta última. Una vez limpio el tubo, se hace un pequeño corte longitudinal en el extremo estrecho del mismo y se sopla. El sonido emitido es parecido al de una cuerna.
Grillos
Con media cáscara de nuez hacían grillos. Se corta aproximadamente la mitad de media cáscara de nuez. En las dos esquinas que quedan se hacen sendos orificios pequeños, uno a cada lado. Se introduce un hilo o sedal en los dos agujeros dejándolo doble y se ata. Se mete un palito en medio de los dos hilos y se da vueltas hasta que quede tensado y se corre el palo para que no gire. Para tocar se pasan los dedos repetidamente por el palo y produce un sonido parecido al que emiten los grillos.
Guitarra
No se tiene constancia de la fabricación de guitarras.
Herros, yerros, hierros
Los hierros se utilizaban en roldas y los solía construir el herrero del pueblo. En otros lugares se le llama triángulo.
Laúd
Instrumento de cuerda que nunca lo construyeron.
Mandurria, bandurria
Este instrumento nunca lo construyeron artesanalmente.
Piedras
Con dos piedras llanas y alargadas cogidas entre los dedos de la mano, tocaban a modo de castañuelas. Las castañuelas de madera también se utilizaban en muchas ocasiones para cualquier acompañamiento, pero siempre fueron adquiridas en Zaragoza.
Pitos
Con los huesos de los alberjes –albaricoques– los chicos fabricaban los llamados pitos. En una superficie áspera o porosa, se frota el hueso por una de las dos caras hasta conseguir horadarlo. Una vez hecho el agujero se destruye la semilla del interior del hueso y mediante un alambre o instrumentos punzante se limpia. Cuando está totalmente limpio ya se puede utilizar, colocándose el hueso en el labio inferior de la boca y soplando de resbalón. Otra variante de este instrumento consiste en dejar secar el hueso y cuando al menearlo suena la semilla del interior, se agujera el hueso pero por las dos caras planas hasta conseguirlo. Una vez hechos los agujeros se coloca en la boca por uno de ellos, se sopla y suena como un pito con corcho en su interior.
Otro tipo de pitos los hacían con ramas de higuera huecas. También con ramas de chopo.
Pito, flauta de caña
Pastores y aficionados construían sus pitos o flautas en el monte valiéndose de cañas secas a ser posible cortadas en el menguante de enero. Recuerdan a verdaderos maestros que tocaban este sencillo instrumento. Benito Pujala, gaitero de El Villar de los Navarros, se podía escuchar a varios kilómetros “a la redonda” cuando tocaba el pito en pleno monte. También Benito Luño “el Manco”, León Antía Magallón, entre muchos otros… todos ellos de Plenas.
Para construir un pito es necesario disponer de una caña de 30 ó 35 centímetros de longitud, a ser posible de nudo a nudo (de una nudada). La caña es recomendable cortarla en el menguante de enero porque son más robustas y no se agrietan. A unos dos centímetros de un extremo, hay que hacer una ranura con resbalón. Normalmente este orificio se realiza con una navaja dando un corte sesgado. El citado extremo albergará la pita de pelarza –corteza– de chopo. La madera de chopo es buena para este menester, ya que es blanda de manipular y es agradable y dulce en su contacto con la boca.
En el otro extremo y en el mismo lado donde se halla el resbalón, o sea el anverso, habrá que comenzar a hacer los seis agujeros que darán las notas musicales, manteniendo la distancia de unos a otros, que se demarcará poco más o menos, de un dedo a otro sin excesiva abertura. En el reverso llevará otro agujero del mismo diámetro que los anteriores. Todos los orificios se realizaban con hierros y clavos candentes.
Tambor o redoblante
Fiel acompañante de la dulzaina fue el redoblante o tambor, de la familia de las percusiones. Infinidad de gaiteros fueron acompañados por familiares, hermanos, hijos, etcétera, que tocaban dicho instrumento. No se recuerda que se construyese por estos pueblos.
Violín
Hubo gente de Plenas que lo llegó a tocar en rondas y en el baile. Se solía comprar a viajantes o en tiendas de instrumentos musicales de Zaragoza.
Las cencerradas
Ignacio Navarro
El origen de este tipo de manifestaciones es muy antiguo y tenían lugar cuando un viudo o una viuda se volvían a casar. Su significado podría interpretarse de varias maneras como protesta, desagravio, burla, agravio, alegría… Lo cierto es que cencerradas las ha habido, y muy gordas.
Esta costumbre de dar cencerradas ha estado extendida por muchos pueblos y ciudades, siendo casi de obligación dar la monserga y hacer ruido, todo lo que se pueda.
En Plenas se recuerdan algunas cencerradas que hicieron historia. Antes de la guerra civil, la tía Teodora una vez viuda, quiso casarse con un señor de Tobed. Al oscurecer todo el pueblo había quedado en la puerta de la casa donde vivía Teodora, cargados con todo tipo de instrumentos sonoros: cacerolas, trucos, esquilos, coberteras, etc. El estruendo fue bestial. Chicos, chicas y mayores, casi al unísono hacían sonar sus artefactos sonoros caseros. Se intentaba por todos los medios que los futuros contrayentes estuviesen en su casa. Cómo fue la cencerrada, que al día siguiente el futuro marido desapareció del pueblo y no llegó nunca a casarse con Teodora.
Otra de las más famosas fue la dedicada en honor del tío Bernabé y la tía Petra, ésta después de la contienda civil de 1936. Del tío Bernabé se cuenta que se casó tres veces a lo largo de su vida y que mató a las tres mujeres que tuvo, debido a la longitud del miembro viril que tenía. Contaban que para realizar el coito, se tenía que enrollar una toalla alrededor del pene. La cencerrada que le hicieron fue de las más grandes que recuerdan, fue enorme, hasta trillos arrastrados por caballerías. De vez en cuando, paraba el ruido y en silencio, el personaje de la comparsa que más gritaba, recitaba alguna frase obscena:
– ¿Quién se casa?
Todos contestaban
– ¡Bernabé!
– ¿Con quién?
– ¡Con la Petra!
– ¿El que le trairá?
– ¡Una soga!
– ¿Pa qué?
– ¡Pa que se la meta toda!
Y seguían con el ruido, intercalando de vez en cuando esta “letanía”, durante dos o tres horas que duraba la cencerrada. Hubo cencerradas que duraron seis o siete días seguidos, hasta la fecha de la boda.
Otra que se recuerda fue la que soportaron la “tía Carreta” y el “tío Leches”. Allí había de todo, latas, bidones y hasta cabezanas de los machos. Los novios se encerraron en su casa con la luz apagada, ya que si se asomaba alguno a la ventana, los ruidos se incrementaban considerablemente.
Se dice que en una de estas cencerradas, quisieron llevar al novio montado en una piana –peana– de las de la iglesia.
En este tipo de actos lúdicos, no era necesario recordar a los asistentes sus limitaciones. Todo el mundo sabía que ni la puerta de la casa de los novios se podía tocar. El acto se compondría de ruido y más ruido, golpeando bidones, coberteras, esquilos, latas, manchas, trillos, trucos, zaumadores, almideces, perolas… en definitiva, cualquier artefacto que produjese monstruosos sonidos y cuanto más agresivos mejor. No se recuerda que este tipo de manifestaciones acabasen trágicamente, ya que la actuación de los asistentes y de los futuros contrayentes estaba dentro del contexto social de la vida cotidiana.
Se pueden citar un par de cencerradas que se citan en dos afamados libros de la literatura española:
Platero y yo. Juan Ramón Jiménez
"Verdaderamente, Platero, que estaba bien. Doña Camila iba vestida de blanco y rosa, dando lección, con el cartel y el puntero, a un cochinito. Él, Satanás, tenía un pellejo vacío de mosto en una mano y con la otra le sacaba a ella de la faltriquera una bolsa de dinero. Creo que hicieron las figuras Pepe el Pollo y Concha la Mandadera, que se llevó no sé qué ropas viejas de mi casa. Delante iba Pepito el Retratado, vestido de cura, en un burro negro, con un pendón.
Detrás, todos los chiquillos de la calle de Enmedio, de la calle de la Fuente, de la Carretería, de la plazoleta de los Escribanos, del callejón del río Pedro Tello, tocando latas, cencerros, peroles, al. mireces, gangarros, calderos, en rítmica armonía, en la luna llena de las calles.
Ya sabes que Doña Camila es tres veces viuda y que tiene sesenta años, y que Satanás, viudo también, aunque una sola vóz, ha tenido tiempo de consumir el mosto de setenta vendimias. ¡Habrá que oírlo esta noche detrás de los cristales de la casa cerrada, viendo y oyendo su historia y la de su nueva esposa, en efigie y en romance!
Tres días, Platero, durará la cencerrada. Luego, cada vecina se irá llevando del altar de la plazoleta, ante el que, alumbradas las imágenes, bailan los borrachos, lo que es suyo. Luego seguirá unas noches más el ruido de los chiquillos. Al fin, sólo quedarán la luna llena y el romance".
Capítulo CIX
Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes
Aquí llegaba don Quijote de su canto, a quien estaban escuchando el duque y la duquesa, Altisidora y casi toda la gente del castillo, cuando de improviso, desde encima de un corredor que sobre la reja de don Quijote a plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros asidos, y luego tras ellos derramaron un gran saco de gatos, que asimismo traían cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los cencerros y el mayar de los gatos, que aunque los duques habían sido inventores de la burla, todavía les sobresaltó, y, temeroso don Quijote, quedó pasmado. Y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la reja de su estancia, y dando de una parte a otra parecía que una región de diablos andaba en ella: apagaron las velas que en el aposento ardían y andaban buscando por do escaparse. El descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cesaba; la mayor parte de la gente del castillo, que no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y admirada.
Capítulo 46, segundo libro
Lo músicos en las fiestas
Algunos músicos populares o bandas de música que amenizaron en Plenas las fietas fueron:
- Delfín Gimeno Roche, "El sastre de Loscos". Tocaba guitarra y violín
- Gaiteros de Lanzuela. Dulzaina y redoblante
- Orquesta de Aguarón
- Orquesta de Belchite
- Orquesta de Encinacorba
- Orquesta de Paniza
- Orquesta Los Nuños
Músicos populares de Plenas y alrededores
Ignacio Navarro
Alejandro Martín Marteles, "el tío Legionario"
Labrador y pastor de profesión, tocaba el pito de caña que construía él mismo.
Antolín Gracía Expósito, "el tío Gallú"
Gallú o Gallur. No se sabe a ciencia cierta si procedía de Gallur, pueblo de la ribera del Ebro.
Muy buena persona, alto, erguido, de cuello de cisne (largo) y sobre todo gran trabajador y puntual. Escrupuloso y metódico, solía llegar al baile para amenizarlo, antes que los mozos y mozas.
Tocaba espléndidamente el laúd y “rasgueaba” de vez en cuando la bandurria y la guitarra.
Antonio Ortín Ambroj
En el baile tocó la guitarra, el laúd y el acordeón diatónico.
Antonio Pujala Lázaro, gaitero de El Villar de los Navarros
Cuando conocimos a Antonio en 1988 contaba con 87 años de edad. Se mantuvieron con él unas enriquecedoras conversaciones en la residencia de los Hermanos de la Cruz Blanca de Zaragoza.
Antonio aprendió a tocar la donzaina de su padre Benito, de oficio pastor de cabras. Siendo muy joven, comenzó a tocar la dulzaina. En sus tiempos de aprendizaje ensayaba por las orillas del río Cámaras a su paso por El Villar. Como muchos donzaineros, acompañó a su padre por infinidad de pueblos tocando el redoblante o tambor.
Con anterioridad, el padre de Antonio tocaba junto con Manuel, tamborilero de Santa Cruz de Nogueras.
La donzaina que que normalmente utilizaba tenía seis agujeros, pero con el paso de los años compró dos clarinetes, lo que le suponía un menor esfuerzo cuando tocaba por los pueblos.
Benito contaba, que un pastor de El Villar compró una dulzaina a otro vecino del mismo pueblo: "La donzaina era muy aspra y muy dura de tocar, y se le apoderaba, hasta que lo mató”.
Entre otros pueblos, amenizó las fiestas de Allueva, Bea, Fonfría, Lagata, Letux, Loscos, Monforte de Moyuela, Muniesa…
"Cuando iba a los pueblos, toda la noche de baile" –contaba–. Finalizado el baile, a medianoche, los mozos requerían la presencia de los gaiteros y los llevaban de acompañamiento a la ronda.
"Anda, négate, négate" –decía Antonio–. "Eso sí comías muy bien, hasta pollo, y la bebida abundante". "Ahí va, este puro pa los gaiteros" –les ofrecían los mozos–.
El repertorio musical de Antonio estaba formado por todo tipo de melodías y tonadas de la época: "Empezaba por jotas, que era lo que más gustaba". Valses, pasodobles, mazurcas, habaneras, pasacalles, polcas… De Pablo, el ciego de El Villar, transformó musicalmente muchos de los romances que vendía: Romance del Pajarito, el de la Carmen… También recordaba al ciego de Lanzuela, que tocaba una "miaja" la flauta, y mucho más la trompeta y la guitarra.
En las conversaciones mantenidas con Antonio Pujala en octubre de 1988, recordaba con emoción su pasado y vida de gaitero. La expresión de su cara se transformaba en muchos momentos de la charla, dando claras muestras de haber vivido una vida llena de alegrías y tristezas.
Atanasio Navarro Marteles
Tocaba la guitarra en el baile.
Benito (apodado el manco) y Marcelino Luño, "Los gaiteros de Plenas"
Los gaiteros casi siempre fueron tildados de personajes muy singulares a los cuales recurrían los habitantes de los pueblos para amenizar con su alegre y pegadiza música las fiestas de los lugares donde eran requeridos.
Plenas también tuvo gaiteros propios. Dos hermanos, Benito y Marcelino, amenizaban todo tipo de fiestas, tanto las paganas como las religiosas. Hijos de Isidra Gracia Marteles y Pascual Luño Sancho, tenían dos hermanos más, Gerardo y Faustino. Sus padres –antes de la guerra civil de 1936– regentaban un viejo café, en el centro del pueblo, en un local propiedad del cura-párroco.
Benito, enjuto y de pocas carnes era bastante alto, se inició en el arte del pastoreo y comenzó a trabajar de ramadán de muy joven en casa de Los Morenos. Marcelino, más corpulento que Benito, siguió con la tradición de sus antepasados, dedicándose a las faenas del campo.
La soledad del oficio de Benito cuando desempeñó el oficio de pastor, sirvió para que tomase afición por la música y construirse él mismo sus propios instrumentos. Recordaban los más ancianos de Plenas, que en días tranquilos, se oía perfectamente y a muchas leguas el pito –flauta de caña– que Benito tocaba mientras pajentaba –apacentaba– el ganado. Se fabricaba sus propias donzainas –dulzainas–, con maderas de sauquera –saúco– o carrasca –encina–.
Benito tenía un brazo tullido, defecto físico que no le impedía en absoluto tocar cualquier instrumento musical, como el curdión diátonica –acordeón–. Al tener este defecto, se le conocía por todos los pueblos como “Benito el Manco”.
Su hermano Faustino, llamado “Ojos de Gato”, también tocaba el acordeón. En todos pasacalles y bailes que hacía Benito por los pueblos le acompañaba su hermano Marcelino, que tocaba el redoblante o tambor.
Benito se casó con María Bonet y tuvo cinco hijos, tres varones: Manuel, Benito y Pascual y dos hembras, Josefina y Gloria. Una vez casado, se trasladó de la vivienda de sus padres, a otra más pequeña, situada en la parte alta del pueblo.
Las ideas izquierdistas de Benito y su familia, obstaculizaron enormemente el desarrollo de sus vidas, y más concretamente, finalizada la guerra civil. Benito fue tachado de "rojo" y fue encarcelado. Su mujer e hijos fueron humillados y maltratados. Los vencedores les hicieron la vida imposible sin ningún tipo de escrúpulo. Mientras Benito estuvo en la cárcel su familia tuvo que malvivir en una oscura cueva. No tenían nada, porque todo les habían confiscado. Muchas veces, en las roldas, les cantaban a la puerta de la cueva donde vivían, amedrentando a su mujer y a los hijos pequeños de corta edad, muestra de ello, es esta canción que les cantaban:
Gaiteros y gaitericos
que mal lo vais a pasar,
la magra que habéis comido
la tendrais que gomitar.
Una vez en libertad, Benito fue a vivir al pueblo cercano Monforte de Moyuela (Teruel), donde encontró trabajo de pastor. Pocos años después, cansado y enfermo, murió el mejor gaitero de toda la redolada.
Benito Pujala, gaitero de El Villar de los Navarros, comentaba que Benito tocaba muy bien y hacía los dos tonos con la donzaina.
Celedonio García y José Antonio Adell, en su libro El pedestrismo en Aragón comentan: "En 1929 los dulzaineros de Plenas animaban las fiestas del barrio de la Magdalena":
Programa de fiestas publicado en "La Voz de Aragón" el 24 de agosto 1929.
Fiestas del barrio
En el de la Magdalena:
Durante los días 24, 25, 26 y 27 del actual mes, este barrio celebrará sus fiestas en honor a su patrón, San Roque, con arreglo al programa siguiente:
Día 24
A las 12 en punto de este día comenzarán las fiestas con repique de campanas y disparo de bombas reales; a la misma hora se izará en la torre de la Magdalena la bandera española, amenizando este acto una banda de música y los dulzaineros de Plenas, nuevos en esta ciudad. Acto seguido la banda de música y los dulzaineros recorrerán las calles del barrio.
De 4 a 7, recorrerán las calles los cabezudos, acompañados por los dulzaineros.
De 5 a 7 la banda de música recorrerá las calles tocando alegres pasacalles.
De 7 y media a 8,3o, gran becerrada. Para dar más realce a este acto, la comisión ha organizado una gran cabalgata en la que se lucirá una carroza artísticamente engalanada por varios vecinos del barrio, siendo ocupada por bellísimas señoritas acompañadas de una rondalla, a continuación irán varios ciclistas con las bicicletas engalanadas y los coches de las señoritas presientas. siendo acompañadas por 2 bandas de música.
Día 25
A las 6,30 de la mañana gran diana por los dulzaineros.
A las 7, recorrerá la banda de música las calles del barrio tocando alegre diana.
De 9 a 12 segunda salida de los cabezudos acompañados por los dulzaineros.
A las 10,30, en honor al Santo patrón San Roque, solemne festividad religiosa, con sermón a cargo del R.P. Cristóbal Eraúl.
De 11 a 1 concierto por la banda.
De 4 a 6, 3ª salida de los cabezudos.
A las 6,30 solemne procesión que recorrerá las calles del barrio.
Por la noche, primer baile-verbena en el tablado de la plaza de la Magdalena. A la misma hora, otra banda de música dará concierto en diferentes calles.
Día 26
A las 7 de la mañana diana por la banda de música y los dulzaineros.
A las 8, aniversario de los cofrades y hermanos difuntos.
De 9 a 12 cuarta salida de los cabezudos.
De 11 a 1, concierto por la banda de música.
De 4 a 6,30 en la plaza de la Magdalena, concurso deportivo infantil a base de patines y triciclos, otorgándose premios en metálico.
A la hora de costumbre, última salida de los cabezudos.
A las 6 y media, gran carrera de cintas, presidida por las señoritas donantes, amenizando este acto la banda de música.
Por la noche 2º baile-verbena en la Pz. de la Magdalena. Como en noches anteriores otra banda de música ejecutará escogidas composiciones, en las calles del Barrio.
Esta misma noche saldrá una ronda de jota en la carroza adornada por los vecinos.
Día 27
De 11 a 12, elevación de globos aerostáticos grotescos en el tablado de la Pz. de la Magdalena.
De 4 a 6 gran concurso hípico infantil, adjudicándose premios en metálico.
Por la tarde a la hora que oportunamente se anunciará, tendrá lugar un partido de fútbol, por elementos del barrio, en el campo del Zaragoza.
Por la noche, de 10 a 12, gran baile-verbena en la Pz. de la Magdalena. Acto seguido, gran retreta que recorrerá las calles del bº, terminando en el tablado con la jota de "Gigantes y Cabezudos".
Benito Pérez, Fonfría (Teruel)
Más conocido como Blas en Fonfría, pueblo en el que nació. Se casó con Patro, de Bea. Después de casados se trasladaron a Barcelona.
El “tío Cajudo”, de Blesa (Teruel)
Otro de los músicos más conocidos por estos lugares fue “el Cajudo”, de Blesa. En Monforte contaban que tocaba muy bien el violín. La estrecha amistad que le unía con Atanasio Navarro Marteles, hizo que acudiese a la boda de su hijo Vicente Navarro casado con María Luño. La orquesta se componía de dos personas de Blesa, que tocaban el violín y una de Muniesa que se encargaba de la guitarra. De “los Cajudos” dicen que alguna vez vinieron a Plenas para tocar en las fiestas.
Cirilo Gracia Bonafonte
Pastor de profesión tocaba el pito de caña construdo por él mismo.
Cirilo Pellejero
De profesión practicante, lo que hoy llamamos ATS, tocaba espléndidamente el órgano de la iglesia de Plenas. Se casó con Teófila Hernández.
Delfín Gimeno Roche, "el sastre de Loscos" (Teruel)
De Delfín hablan maravillas muchos de los pueblos de los alrededores de Loscos. Delfín tenía 60 años de edad en 1992 y denotaba excelentes recuerdos y gran sentimiento por la guitarra, instrumento que comenzó su aprendizaje a los siete u ocho años, influido por la maestría de su padre José Gimeno, también de profesión sastre. El violín también lo tañía con facilidad.
En una amena charla mantenida con Delfín, flaco de carnes, alto y de gran entereza humana y musical, se le notaba la enorme añoranza por el instrumento que tocó durante muchos años en fiestas de pueblos.
La primera salida que hizo fuera de su pueblo natal, la realizó a El Colladico (hoy pueblo abandonado y de propiedad privada), acompañando a su padre y a su hermano mayor José María, ambos músicos de violín. Su hermano tocada laúd a dos voces y perfectamente el violín.
De los pueblos que fue a tocar recuerda los siguientes: Anadón, Bea, El Colladico, Fonfría, Luesma, Mezquita de Loscos, Monforte de Moyuela, Nogueras, Piedrahita, Plenas, Rudilla, Salcedillo, Santa Cruz de Nogueras, Villanueva del Rebollar…
Infinidad de anécdotas y recuerdos, rodean a estos maestros musicales que sin saber solfeo eran eruditos de cualquier tipo de instrumento musical que llegaban a sus manos.
En Rudilla, cuando fue la primera vez para amenizar las fiestas, lo vieron tan “jovencito” y pequeño, que los mozos del pueblo le ayudaban a llevar la guitarra.
Cuando eran contratados y si el pueblo que los requería no distaba mucho de Loscos, se desplazaban a golpe de calcetín y si estaba más lejos, lo hacían a lomos de caballerías. En ocasiones los iban a buscar con estos animales del lugar que les había contratado. Delfín recordaba, que solamente bajaron a Plenas en una ocasión y tocaron el último día de fiestas.
La alimentación y el alojamiento en los pueblos que eran contratados fue siempre de la mejor calidad y dormían repartidos en las casas de los mozos.
Pero la vez que no fallaban, era el día que los vecinos de Loscos celebraban una romería en el término municipal de Plenas, en la ermita del Carracal, el día 13 de Mayo. Allí se hacía baile y acudían de los pueblos de alrededor.
Su enorme sentido musical, hacía que cualquier nota musical o melodía que oyese, se le quedase grabada, procediese de las primitivos aparatos de radio o de otros músicos que tocasen por los alrededores.
Normalmente los contrataban para romerías, bodas, fiestas patronales, roldas… En fiestas solían tocar un par de días y tocaban en diferentes ocasiones de cada jornada en misas y procesiones, pasacalles y bailes.
El baile comenzaba a las cinco de la tarde y acababa a las nueve de la noche y lo reiniciaban una hora más tarde; finalizaban la jornada sobre la una de la madrugada.
El repertorio musical de Delfín era muy ameno y de gran variedad: boleros, fox, habaneras, jotas, mazurcas, pasodobles, rumbas, tangos, toques de procesiones, valses…
Demetrio Bonafonte
Demetrio, maestro de profesión, tañía la guitarra y el laúd. Pero también se inició en el arte del violín, aunque con menos asiduidad y maestría. Aprendió de oído e influido por su padre Pedro Bonafonte "el tío Manteca" y de sus hermanos mayores Serapio y Martín. Algunas veces tocaba las botellas de agua.
Demetrio amenizaba el baile del pueblo antes de la guerra civil, acompañado por dos personas más y después de la contienda por su padre. Algunas veces era requerido para amenizar bodas. En la bispra –víspera– de la boda tocaban por la noche, al día siguiente, después del desayuno, comida y cena. Antiguamente nunca cobraban dinero alguno por sus servicios, solamente percibían la comida, pero en los últimos años de su estancia en Plenas cobraban cinco duros por boda amenizada.
En funciones de teatro que el mismo dirigió, logró sorprender a todos los asistentes con espontaneidad y acierto, golpeando con un palo botellas llenas con diferente cantidad de agua.
Felipe Gracia Luño
Amigo íntimo de Germán Calvo, hizo sus pinitos con el laúd; tenía un gran sentido del ritmo y oído muy fino, por lo que participaba en reuniones que tenían los amigos en el café. Cuentan que tenía una sonrisa abierta, alegre. “Hablador, gran chico, pero el ‘pobre’ en estos golpes que da la vida, cogió una enfermedad y en su juventud falleció”. Se le tuvo un gran aprecio como persona.
Fermín Gracia Fortún
Tocaba la guitarra, compenetrándose muy bien con Julián Bonafonte.
Francisco Bonafonte Sanz
Tocaba la guitarra en el baile con Demetrio y Serapio Bonafonte.
Francisco Gracia Yus "Bronco"
Todavía soltero, trabajó de pastor, donde se aficionó a tocar el pito de seis agujeros. Benito el Manco le regaló un pito que sonaba muy bien y lo guardó durante muchos años.
Francisco Luño Martín, "Josito", "de los Jositos"
De profesión pastor, hacía pinitos con el pito de caña.
Francisco Marteles Gracia, "Baltierras"
Labrador y pastor, tocaba el laúd.
Gaiteros de Lanzuela (Teruel)
“Acudía a tocar para las fiestas de Fonfría, acompañado por una persona de Loscos. Vivió en en una residencia de ancianos en el barrio de La Bozada de Zaragoza" –comentaban en Fonfría–. En Plenas tocaron en varias ocasiones. El dúo de músicos lo componían el tío Félix que tocaba la dulzaina y su sobrino que se encargaba del tambor. Recuerdan en Plenas que Félix era muy alto, delgado y seco.
Germán Calvo Marteles, "el Cabrero"
Tocaba magníficamente la bandurria y dicen que sacaba unos tonos que estremecían a los oyentes. De gran oído y muy fino. Casi siempre tocaba en su casa y pocas veces lo hizo en público.
Gregorio Gracia, "General"
Era pastor y tocaba el pito de caña. Más tarde se fue a Zaragoza, donde trabajó vendiendo iguales debido a su ceguera.
Ignacio Bonafonte Martínez
Pastor, tocaba el pito de caña.
Inocencio Gracia Yus
Pastor y labrador, tocaba en el baile la guitarra y el laúd.
Jacinto Pellejero, "el tío Pellejero"
Al tío Pellejero se le puede considerar como el alma mater de los músicos populares de Plenas desde principios de siglo. Cuentan que tocaba cualquier instrumento musical que le venía a mano. Aunque lejos de sus aficiones musicales, su profesión era zapatero, igual que reparaba unas albarcas, confeccionaba un par de zapatos.
Fue el último vecino de Plenas que tocó el antiguo órgano de la Iglesia Parroquia, instrumento que fue quemado durante la guerra civil. De todos instrumentos que tocaba recuerdan entre otros: guitarra, bandurria, violín, dulzaina.
Su destreza y sabiduría musical, los adquirió por el excelente sentido auditivo que disponía. Dicen que Jacinto, enseñó a tocar a varios vecinos del pueblo, entre ellos destaca, otro gran guitarrista el tío Pedro Manteca. Jacinto Pellejero murió antes de la guerra civil.
Jesús Gracia, "el Diablo"
De profesión pastor, tocaba el pito de caña.
José Sancho Yus
Hermano de Pascual Sancho e hijo del tío Pascual el “tío Aguacil” y la “tía Aguacila”, toca el laúd y acordeón cromática.
Juan Herrando, "Colete"
Juan tocaba el tambor.
Julián Bonafonte Calvo
Hijo de Serapio Bonafonte y nieto del tío Manteca, logró sin mucho sacrificio dominar el laúd con delicadeza, soltura y limpieza.
Julio Sánchez, cucharero de Moyuela
Julio tocaba las cucharas de madera valiéndose de dos o tres unidades. Siempre tocó en bodegas o en juergas con los amigos, y se puede asegurar, que lleva muy bien el ritmo, sobre todo el de las jotas.
León Antía Magallón
Tocaba muy bien el pito o flauta de caña de seis agujeros.
Leoncio Navarro Yus
Hijo de Leoncio Navarro y Cecilia Yus, tocaba la guitarra en el baile.
Luis Monreal Castro, "el Garroso"
Tocaba el laúd y un poco de acordeón en el baile.
Manuel Martínez Bonafonte
Hijo del tío Patrocinio y hermano de Ignacio, quizás sea el más polifacético de todos los músicos populares de Plenas. Entre muchos instrumentos que toca se pueden citar: la guitarra, la bandurria, el laúd, el acordeón, la filarmónica, las botellas y un sin fin de artilugios construidos con materiales que da la propia tierra. Hacía trucos de magia clavándose instrumentos afilados por la cara.
Miguel Luño Martos
Gran aficionado a el laúd lo tocaba bastante bien y era amigo de Petronio Ortín y Roque Sancho (otros músicos). Los tres juntos eran fieles a la hora de tocar en el baile. Gracias a ellos y en muchas ocasiones, fueron los artífices de que el baile continuara, pues en muhcas ocasiones, si no hubiera sido por ellos, el baile hubiera seguido pero con un solo músico.
Narciso Plou, "Cartujo"
Narciso solía tocar con tres cucharas metálicas en fiestas de amigos y familiares.
Pascual Sancho Yus
Hijo de los “tíos Aguaciles” y hermano de José Sancho, fue virtuoso de la armónica, la tocaba magníficamente. Igualmente logró dominar el laúd, tocando toda clase de música, principalmente la moderna que llegaba a los pueblos. Pascual sustituía en el local de Serapio (baile), a los músicos que alegraban las tardes de los domingos. Su participación en el baile duró hasta que fue a cumplir el servicio militar. Suele acompañar con su voluminosa acordeón cromática en las auroras que se cantan a primra hora de la mañana el día de San Agustín.
Pascual recuerda que inició sus primeras notas con la canción "Una noche de bocas…" y el estribillo "Hay de mí, quien pudiera esta noche llorar…", con el laúd de Serapio Bonafonte.
Paulino Burriel, de Allueva (Teruel)
Compaginaba las labores del pastoreo con las de la labranza, aunque ésta última con más dedicación. Tocaba con esmero el pito y la dulzaina. Ya jubilado, amenizaba las tardes a los ancianos que pasaban el rato en un club de ancianos de la Ciudad Jardín de Zaragoza.
Pedro Bonafonte Sanz, "El tío Manteca"
Apodado "el tío Manteca". Gran virtuoso de la guitarra tocando "a lo grande" piezas de concierto y las de moda de aquéllos tiempos. Utilizando todas las cuerdas de la guitarra por todo su mástil, sacaba excelentes "sones" que ponían los "pelos de punta". ¡Gran guitarrista! –comentan–, en éstos tiempos, seguro que hubiera triunfado como solista. Dicen que tocaba cualquier instrumento que le saliese al paso.
Pedro Navarro Alzorriz
Hijo de Atanasio Navarro y Valeriana Bonafonte, tocaba el laúd y un poco de acordeón en el baile del pueblo.
Pedro Oliván Bonafonte
Nieto de Pedro "Manteca", tocaba el laúd, guitarra y un poco de violín. Los dos primeros con bastante habilidad y fue el promotor de que se realizase el baile en los tiempos de mozo.
Pedro Ortín Pardos
Tocaba el laúd, por lo que era requerido para participar en roldas de mozos y en las fiestas que ellos hacían. Su manera de tocar era con alegría y animosidad.
Petronio Ortín Pardos
De gran afición y voluntad musical, tocaba el laúd. Lo hacía bastante bien derrochando tesón y alegría. Posiblemente también tocase la guitarra.
Presentación Pellejero Trullén
Familia de Jacinto, cuenta que tocaba muy bien el pandero "le hacía hablar". Se acompañaba con su propia voz.
Remigio Ortín Gracia
Labrador, gran cantor en las misas de antaño, cuando se hacían en latín –sobre todo en las de difuntos–, tocaba el acordeón diatónico.
Roque Sancho López
“Tocaba el laúd con gran alegría y muy bien”. Estaba al día en canciones modernas, ya que su oído le permitía captar cualquier sonido, por difícil que fuese. Es de destacar de este músico popular que nunca se le agotaba el repertorio, cuando no sabía que tocar, se inventaba un tango o pasodoble, dejando a todos oyentes con la "boca abierta" pensando… ¿pero qué es esta pieza?
Serapio y Martín Bonafonte Marteles
De la saga del abuelo "Manteca" y hermanos de Demetrio. Los tres hermanos siempre tocaron algún que otro instrumento musical. Serapio, manejaba con soltura el laúd y la guitarra. Martín, de oído muy fino, tocaba el laúd y la bandurria, cualidad que le distinguía en su utilización.
Servando del Río Marco, "Currietas"
Aprendió a tocar el laúd.
Sixto Oliván Bonafonte
De profesión sastre, tocaba la bandurria y el laúd. De excelente oído, tocaba con suavidad y sumo gusto. "Daba gusto oírle" –comentan–.
Tomás Luño Domeque, "el Pincho"
Labrador, más conocido por "el Pincho", gran amigo de todos, bondadoso y buen chico. Logró tocar con pulcritud el laúd y participaba en algunas sesiones del baile.
Valentín Navarro Yus
Hijo de Leoncio Navarro y Cecilia Yus, tocaba la guitarra.
Vicente Oliván Bonafonte
Fue secretario de diferentes ayuntamientos durante muchos años, también tocaba el laúd.
Vicente Sancho Luño
Hijo de Gaspar "el Paleta", quedó ciego de chaval por una explosión de un artefacto perdido después de la Guerra Civil. Toca el laúd y el saxofón.
Vecinos de Plenas presos en el campo de concentración de San Juan de Mozarrifar
Bailo Villanueva, José. 6 años y 1 día
Bailo Villanueva, Gregorio. 6 años y 1 día
Estella Herrer, Pablo. 20 años
Gracia Lacasa, Crescencio
Gracia Marteles, Antonio. 6 años y 1 día
Ortiz Pardo Cirilo. 20 años
Plou Nuño, Miguel. 12 años y 1 día
Fuente: El campo de concentración de San Juan de Mozarrifar (Zaragoza)
de Ramón F. Ortiz Abril. Autoedición, 2009. Extraido de una lista de 6.000 personas de las 45.000 que estuvieron en el campo.
Agradecimientos a F. Javier Lozano (Blesa)
Los datos pueden estar confusos, mezclando la edad de algunos con el tiempo de permanencia o condena
Relato de un soldado catalán en Plenas

Relato de un soldado republicano que estuvo en PLENAS, en la guerra civil. Fuente: Cartes a Màrius Torres seguides de Viatge d’un moribund. Club Editor, 1976
El autor de este texto es Joan Sales i Vallès (Barcelona, 1912-1983) fue un escritor, poeta, traductor y editor. Su obra más conocida es la novela Incerta Glòria con la que obtuvo el Premio Joanot Martorell.
Como editor fundó –junto a su esposa, Núria Folch i Pi– el Club Editor, editorial que publicó por vez primera La plaza del Diamante de Mercè Rodoreda y Bearn de Llorenç Villalonga, entre otras obras emblemáticas. Fue promotor de la revista Quaderns de l'exili, editada en México. Combatió en la Guerra Civil en el bando republicano, siendo alférez de la Escola de Guerra de la Generalitat y estuvo destinado en el frente aragonés. Cuando después de la ofensiva de las tropas franquistas en Teruel, en marzo de 1938 avanzaron sobre la comarca de Belchite, Joan Sales tuvo que huir y en su huida pasó por Plenas y Moyuela. Militante comunista en sus años universitarios, en su abrazo el existencialismo católico y fue un tenaz activista del catalanismo. Tradujo al catalan a Dostoievski, a Nicos Kazantzakis y a François Mauriac. Manifesto: "La guerra ha sido para mi la gran experiencia de mi vida, lo que más me ha interesado, lo que más me ha apasionado. El escritor debe constituirse en testimonio de la verdad".
Le fue concedida la Cruz de Sant Jordi en 1982.



